07 de octubre del 2026.- Maricarmen Abascal, la mujer de 87 años desahuciada de su vivienda de Madrid el 23 de septiembre y símbolo de las reivindicaciones para mejorar el acceso a la vivienda, ha fallecido este miércoles en el Hospital Gregorio Marañón de la capital.
Maricarmen fue trasladada al hospital inmediatamente después de ser expulsada de la vivienda donde había residido durante las últimas siete décadas, situada en el distrito madrileño de Retiro y de la que salió en camilla. Su estado de salud había empeorado en los últimos meses y durante estas dos semanas era especialmente delicado, tal como había alertado su entorno, aunque la mujer sí pudo enviar varios mensajes desde el hospital para agradecer el respaldo recibido y llamar a la movilización social.
El Sindicato de Inquilinas ha lamentado en un comunicado que el acuerdo alcanzado con la empresa propietaria del inmueble y que le permitía volver a su casa ha llegado “demasiado tarde” para Maricarmen, que ha vivido “una situación absolutamente evitable tras un proceso torturante”.
“Ahora, tras su partida, nos quedamos con el ejemplo de lucha y el legado que ha dejado Maricarmen. Y, sobre todo, cumpliremos lo que ella siempre nos pedía: ‘luchad, seguid luchando por lo que es vuestro'”, ha afirmado la organización en un comunicado. “Seguiremos luchando por ti, por todas, como siempre quisiste”, ha subrayado el Sindicato de Inquilinas, impulsor de la acampada en la Puerta de Sol por la vivienda.
Los participantes en esta acampada, que por ahora prosigue de manera indefinida, han reaccionado con estupor a la noticia del fallecimiento de Maricarmen. Desde Sol ha partido una marcha que pretendía llegar hacia el Congreso de los Diputados y durante la que se ha guardado un minuto de silencio.
Varias de las personas acampadas han lamentado para TVE la partida de un “símbolo”, el mismo día en que los sindicatos han convocado una huelga general para el 11 de noviembre para reclamar, entre otras cosas, reformas en materia de vivienda. “Hoy el rentismo ha acabado de matar a nuestra compañera Maricarmen”, ha denunciado emocionada la portavoz del Sindicato de Inquilinas, Alicia del Río, desde la rueda de prensa en la que se oficializaba la fecha de dicho paro.
La propia acampada ha difundido un comunicado para expresar sus condolencias y dejar claro que seguirán: “Nos quedamos, nos organizamos, ahora más que nunca”.
Una renta antigua a merced de una empresa
Maricarmen tenía 17 años cuando llegó a su casa en la calle Alcalde Sainz de Baranda, una vivienda de renta antigua que en 2018 cayó en manos de un nuevo propietario, Urbagestión, que le reclamaba un alquiler considerablemente más alto del que venía pagando.
“No me quiero ir”, proclamó desde este inmueble antes de ser desahuciada y después de batallar durante años con la empresa inmobiliaria.
El día de su desahucio, el 23 de septiembre, cientos de personas se concentraron ante el portal desde la madrugada para intentar impedir el levantamiento, que finalmente acometió la Policía Nacional no sin incidentes. Movilizaciones similares se han repetido en las últimas semanas en distintos puntos de España para impedir el desalojo de personas vulnerables sin alternativa habitacional, una de las reivindicaciones que se han escuchado en las calles de las principales ciudades.
El decreto Maricarmen
El caso de Maricarmen desencadenó una ola de protestas sociales y llevó en el terreno político al Gobierno a impulsar dos decretos sobre vivienda que el Congreso de los Diputados no convalidó el pasado viernes, en una votación que a la postre llevó al presidente Pedro Sánchez a convocar elecciones generales anticipadas para el próximo 29 de noviembre.
Dichos decretos vuelven a estar ahora sobre la mesa, después de que el Consejo de Ministros los aprobase este pasado martes. El Ejecutivo confía en salvar al menos uno de ellos en la Diputación Permanente que asume el papel del Legislativo durante este periodo de interinidad y donde, en principio, tiene los apoyos.
El Sindicato de Inquilinas ha resaltado en su nota que los acontecimientos desencadenados tras la “injusticia” del desahucio de Maricarmen han supuesto “un antes y un después” en España, donde ahora “el debate de la vivienda está en el centro”. Su fallecimiento, sin embargo, empaña estos logros: “El coste para llegar hasta aquí ha sido demasiado alto”.





