El presidente francés, Emmanuel Macron, ha anunciado este jueves nuevas restricciones a las manifestaciones y ha convocado un Consejo de Defensa para el viernes con el objetivo de evitar que se repitan los disturbios del pasado sábado. El Ejecutivo prepara un refuerzo de seguridad ante una nueva jornada de movilizaciones, mientras crecen las críticas por su gestión de la violencia y por las limitaciones al derecho de protesta, a seis meses de las elecciones presidenciales.
Macron ha avanzado que este sábado solo se autorizarán las marchas organizadas por sindicatos, a las que se propondrán recorridos alternativos para proteger los centros urbanos, los comercios y los edificios públicos. Los prefectos, representantes del Estado en los departamentos, podrán prohibir las demás concentraciones cuando exista riesgo de alteración del orden público.
“La recomendación general es que no haya manifestaciones en los próximos días”, ha declarado el mandatario tras reunirse con los responsables de seguridad interior y los servicios de inteligencia. Ha advertido, además, de que se rechazarán las solicitudes presentadas por personas que, a su juicio, carecen de legitimidad para convocarlas. “No es el momento, porque queremos que vuelva la calma”, ha insistido el mandatario.
El presidente ha acusado a grupos de ultraizquierda de haber querido “derribar la República” durante los disturbios del 17 de octubre, cuando una movilización contra el encarecimiento de la vida derivó en saqueos, incendios y ataques contra edificios públicos en varias ciudades, especialmente en París.
Un despliegue de seguridad un 20% mayor
El Ministerio del Interior ha anunciado que la movilización de las fuerzas del orden será este sábado un 20% superior a la de la semana pasada. El dispositivo incluirá blindados, unidades de élite de la Policía y la Gendarmería y militares de la operación Sentinelle, puesta en marcha en 2015 para reforzar la protección frente a la amenaza terrorista.
Las prohibiciones de concentraciones se han extendido a ciudades como París, Ruan y Tolón. En Lyon, las autoridades han ido más allá y han vetado todas las manifestaciones del sábado. Pese a las restricciones, este jueves se han celebrado nuevas protestas de estudiantes universitarios y de secundaria en distintas localidades.
Todas las manifestaciones, hayan sido comunicadas o no a las autoridades, estarán prohibidas también en Marsella, la segunda ciudad de Francia, y en el conjunto del departamento de Bocas del Ródano, en el sur del país, “por razones evidentes de seguridad y de disponibilidad de las fuerzas de seguridad interior”, ha anunciado este jueves la prefectura.
Las autoridades han invocado “los saqueos, los destrozos y los actos de vandalismo” del pasado fin de semana para anunciar también, en un comunicado, la suspensión del transporte público en el área metropolitana de Marsella desde las 05:00 del sábado hasta las 05:00 del domingo, hora local.
Además, el toque de queda que actualmente afecta a los menores de edad en el centro de la ciudad y en determinadas zonas comerciales se extenderá también a los adultos durante las noches del sábado al domingo y del domingo al lunes.
El Ayuntamiento de París ha pedido a la población que extreme la vigilancia ante el riesgo de nuevos actos violentos cometidos por personas “sin vínculo con el movimiento social”. Ante las manifestaciones previstas, los museos del Louvre, de Orsay y Picasso de la capital permanecerán cerrados este sábado.
Las imágenes de edificios públicos en llamas y establecimientos saqueados han llevado también a países como Estados Unidos, China y Alemania a recomendar precaución a sus ciudadanos en Francia.
Críticas por la falta de previsión y las restricciones
Desde hace casi una semana, el Ejecutivo afronta reproches por no haber anticipado la magnitud de la movilización y por las deficiencias del dispositivo de seguridad. A esas críticas se suma la disputa sobre la respuesta: sectores de la izquierda consideran que las prohibiciones y los toques de queda vulneran las libertades y denuncian una represión brutal, mientras que la derecha reclama mayor firmeza.
El primer ministro, Sébastien Lecornu, ha convocado este jueves a los partidos políticos en Matignon, junto a los ministros del Interior, Laurent Nuñez, y de Justicia, Gérald Darmanin, así como a responsables de inteligencia y de las fuerzas del orden. También tiene previsto recibir a los alcaldes de París, Lyon y Marsella.
Lecornu ha prometido “transparencia” sobre lo ocurrido el 17 de octubre, aunque varios invitados han interpretado el encuentro como una citación. Los dirigentes de Agrupación Nacional Jordan Bardella y Marine Le Pen, y el ex primer ministro de centroderecha Édouard Philippe, han optado por hacerse representar.
La Francia Insumisa, a la que el Gobierno acusa de haber avivado la protesta, se ha comprometido a defender las reivindicaciones de los manifestantes, que siguen sin una respuesta del Ejecutivo.
Los comerciantes temen nuevos saqueos
Entre 2.000 y 3.000 comercios fueron saqueados o sufrieron daños durante el pasado fin de semana, según los datos recogidos por AFP. Ante las nuevas convocatorias, “la preocupación es máxima”, ha declarado a la agencia Pierre Bosche, presidente de la Confederación de Comerciantes de Francia.
Otro foco de tensión será Orleans, donde Agrupación Nacional celebra su congreso el sábado y el domingo. Varias decenas de miles de personas están convocadas a una protesta contra el racismo, a la que se espera que acudan el primer secretario del Partido Socialista, Olivier Faure, y la dirigente del sindicato CGT Sophie Binet.
El ministro de Justicia, Gérald Darmanin, ha informado de que 2.700 personas han sido puestas bajo custodia policial desde el sábado en relación con los disturbios y los saqueos. En cuanto a las actuaciones judiciales, 174 personas han ingresado en prisión. Este jueves ha sido detenido un segundo sospechoso, de 66 años, por el incendio del Ayuntamiento de Limoges.





