10 Octubre 2026 Salud
La enfermedad ha dejado 77 muertos en lo que va de año. La Organización Panamericana de la Salud alerta de que las grandes celebraciones religiosas previstas en Sudamérica podrían acelerar los contagios, mientras millones de personas siguen sin protección.
Los contagios de Sarampión en la región de las Américas se han casi quintuplicado en lo que va de año, con 55.792 casos confirmados y 77 muertes, y las grandes celebraciones religiosas previstas en Sudamérica amenazan con impulsar nuevos brotes, alertó la Organización Panamericana de la Salud (OPS).
En un nuevo informe, la agencia evalúa como “muy alto” el riesgo de propagación del virus ante la llegada de miles de personas a eventos religiosos multitudinarios en Argentina, Perú y Uruguay.
El organismo advirtió que los brotes activos, la aparición de casos en nuevas zonas y el aumento de los viajes podrían extender la enfermedad a comunidades que hasta ahora no han registrado contagios.
Guatemala encabeza la lista de países afectados, con 34.355 casos y 50 fallecimientos, seguido de México, con 13.595 contagios y 23 muertes. Estados Unidos, Perú y Canadá completan los cinco países que concentran el 99,5% de los casos de la región.
La enfermedad también está cobrando más vidas. Las 77 muertes notificadas entre enero y comienzos de octubre ya superan ampliamente las 29 registradas durante todo 2025.
“El sarampión es altamente contagioso y estamos viendo las consecuencias de las brechas en la cobertura de vacunación en las Américas”, advirtió el director de la OPS, Jarbas Barbosa, quien instó a los gobiernos a reforzar la vigilancia y garantizar una respuesta rápida ante nuevos casos.
Los eventos masivos pueden impulsar la transmisión
Las grandes reuniones religiosas preocupan especialmente a las autoridades sanitarias porque reúnen a personas de distintas ciudades y países, muchas de ellas sin protección frente al virus. Los alojamientos compartidos, las aglomeraciones en terminales de transporte y el contacto prolongado entre los asistentes multiplican las oportunidades de contagio.
El sarampión se transmite por el aire y puede propagarse con enorme rapidez. Además, las personas infectadas pueden contagiar a otras varios días antes de que aparezca la erupción característica de la enfermedad. Esto significa que un viajero puede desplazarse, participar en celebraciones y regresar a su comunidad sin saber que porta el virus.
La OPS señala que el peligro ya se ha materializado en ocasiones anteriores: dos brotes registrados en 2025 comenzaron en eventos religiosos multitudinarios y terminaron extendiéndose a nivel nacional.
Contener la transmisión resulta todavía más complicado cuando los participantes regresan a distintos países antes de que las autoridades detecten los primeros casos, lo que dificulta localizar a las personas expuestas y romper las cadenas de contagio.
La vacunación no alcanza para frenar los brotes
Detrás del resurgimiento del sarampión persiste un problema que los países no han logrado resolver: las brechas de inmunización.
En 2025, la primera dosis de la vacuna contra el sarampión, la rubéola y las paperas llegó al 88% de la población destinataria en las Américas, mientras que la segunda alcanzó apenas el 85%. Para prevenir brotes, ambas coberturas deben situarse al menos en el 95%.
Solo una cuarta parte de los 43 países y territorios que notificaron sus datos alcanzaron ese nivel de protección.
La pandemia de COVID-19 dejó importantes retrasos en los programas de vacunación, a los que se suman las dificultades para acceder a los servicios de salud y la creciente reticencia a las vacunas en algunas comunidades. Como resultado, 1,6 millones de niños no recibieron ninguna dosis contra el sarampión durante 2025.
Estas brechas han dejado grupos de población susceptibles al virus, especialmente entre pueblos indígenas, migrantes y personas desplazadas, que a menudo enfrentan mayores obstáculos para recibir atención médica.
Los brotes recientes también han golpeado con especial dureza a los menores de cinco años. En Guatemala, la mortalidad por sarampión entre los bebés menores de un año ha sido 17 veces superior a la tasa general.
Aunque la enfermedad puede afectar a cualquier persona, los lactantes y los adultos corren un mayor riesgo de desarrollar complicaciones graves. El virus también puede debilitar el sistema inmunitario durante meses y aumentar la vulnerabilidad frente a otras infecciones. En comunidades con altos niveles de malnutrición y escaso acceso a la atención sanitaria, la letalidad puede alcanzar el 10%.
La OPS pide vacunarse antes de viajar
La OPS pidió a quienes tengan previsto viajar que comprueben si están vacunados, incluso cuando el desplazamiento sea dentro de su propio país.
«Cualquier persona que tenga previsto asistir a un evento masivo debería comprobar que está protegida contra el sarampión», señaló Daniel Salas, gerente ejecutivo del Programa Especial de Inmunización Integral de la OPS.
Salas recomendó que las personas a partir de los seis meses que no tengan constancia de vacunación reciban una dosis contra el sarampión y la rubéola, preferiblemente al menos dos semanas antes del viaje o del evento.
Pero la vacunación de los viajeros no bastará por sí sola. La OPS instó a los gobiernos a intensificar las campañas de inmunización, detectar rápidamente los casos sospechosos y reforzar el seguimiento de contactos para evitar que el virus se extienda a nuevas comunidades.
La organización también alertó de que la disponibilidad limitada de vacunas para responder a brotes, las dificultades de vigilancia y la presión sobre los sistemas de salud podrían complicar los esfuerzos de contención.
Mientras apoya a los países con vigilancia de laboratorio, vacunación y respuesta a los brotes, la OPS insiste en que cerrar las brechas de inmunización será decisivo para impedir que las próximas concentraciones multitudinarias abran nuevas vías de propagación del sarampión.
La advertencia de la OPS coincide con los preparativos para la visita del papa León XIV a Uruguay, Argentina y Perú, prevista del 6 al 17 de noviembre. Según el programa publicado por el Vaticano, el pontífice presidirá misas, vigilias y otros encuentros multitudinarios en los tres países, que previsiblemente atraerán a numerosos fieles.





