*EL DÍA DEL EMPLEADO UNIVERSITARIO Y LA ALIANZA PELIGROSA
*EL FANTASMA QUE PERSIGUE A ERNESTO NÚÑEZ.
*LA COMILONA DE FAUSTO VALLEJO.
*LA PRESEA MORELOS Y EL CONTRASTE POLÍTICO.
Columna Política “Bajo la Lupa”, Por Armando Saavedra (20-V-2026).- El festejo del “Día del Empleado Universitario” anunciado por el Sindicato Único de Empleados de la Universidad Michoacana (SUEUM) se convirtió en un episodio revelador de las tensiones que atraviesan la institución. La invitación repartida por la dirigencia sindical destacó la presencia del gobernador ALFREDO RAMÍREZ BEDOLLA y del líder gremial EDUARDO TENA FLORES, pero omitió deliberadamente a la rectora YARABÍ ÁVILA GONZÁLEZ.
Esa grosería institucional tuvo consecuencias inmediatas: la autoridad universitaria negó el uso del Centro Cultural Universitario, no solo por la exclusión política, sino porque la agenda de eventos en ese recinto está súper saturada a raíz de la misma huelga, lo que obligó a recorrer todas las actividades académicas hasta después de la reanudación de clases.
El vacío de la rectora en el presídium no es un detalle menor, es un mensaje político. Si el gobernador decide asistir al evento sin la presencia de la autoridad universitaria, estaría ratificando una alianza perversa con el sindicato, la misma que detonó el estallamiento de la huelga. Esa jugada busca doblar a la rectora, pero hasta ahora no lo han logrado. YARABÍ ÁVILA ha respondido con firmeza, negando espacios y recursos institucionales, consciente de que ceder sería legitimar un intento de sometimiento. La negativa de la rectora no es un capricho, sino una defensa institucional frente a un gremio que pretende apropiarse de espacios públicos para convertirlos en trincheras políticas.
El riesgo para RAMÍREZ BEDOLLA es evidente: si insiste en respaldar al sindicato contra la autoridad universitaria, puede terminar con el tiro por la culata. La Universidad Michoacana es un símbolo de autonomía y cualquier intento de manipularla desde el poder político se convierte en un desgaste innecesario. La narrativa sindical acusa a la rectora de represiva y vengativa, pero detrás de los discursos se esconde la impotencia de un gremio que perdió legitimidad ante la sociedad. La huelga dejó heridas abiertas y la autoridad universitaria, lejos de ceder, ha optado por marcar límites claros.
El SUEUM, por su parte, insiste en celebrar su día con comilona y bebidas, todo a cargo del erario universitario, como ocurría en otros periodos rectorales. La diferencia es que ahora la autoridad no está dispuesta a avalar esos excesos. El sindicato presume tener “amigos importantes” y no duda en señalar que, si la Universidad les niega espacios, recurrirán a Casa Michoacán, donde ya celebraron el Día de las Madres bajo el patrocinio del gobernador. Nada descabellado sería que el Día del Empleado Universitario termine celebrándose ahí, bajo la dirección técnica del Ejecutivo estatal.
La pregunta de fondo permanece: ¿vale la pena arriesgar capital político para sostener una alianza que, lejos de fortalecer al gobierno, lo enfrenta con la autoridad universitaria y lo expone a un desgaste que puede ser irreversible? El gobernador debe medir con cuidado sus pasos, porque la percepción pública es implacable: si se le ve como cómplice de un sindicato que busca someter a la rectoría, su imagen quedará dañada. La Universidad no es un botín político, y cualquier intento de manipularla puede convertirse en un bumerán que golpee de frente a quien lo lance.
La lupa advierte: si el gobernador no le tantea al agua a los camotes, su alianza con el sindicato puede convertirse en un error estratégico que lo deje marcado como enemigo de la autonomía universitaria.
EL FANTASMA QUE PERSIGUE A ERNESTO NÚÑEZ.
El dirigente estatal del Partido Verde Ecologista, ERNESTO NÚÑEZ AGUILAR, aparece en la escena política como aspirante a la gubernatura de Michoacán dentro de la coalición “Juntos Haremos Historia”. Sin embargo, su eventual candidatura está marcada por un lastre que difícilmente podrá sacudirse: sus antecedentes de corrupción.
En la narrativa oficial, NÚÑEZ intenta mostrarse como operador hábil, cercano al poder y con capacidad de conciliar intereses. Su presencia en la comida organizada para FAUSTO VALLEJO fue un gesto calculado: exhibirse como interlocutor válido en medio de las tribus enfrentadas de Morena y sus aliados. Pero la política no se construye solo con fotos y abrazos; también pesa la memoria colectiva y los expedientes que nunca terminan de cerrarse.
El problema central es que Morena, bajo la dirigencia nacional de ARIADNA MONTIEL, ha sido enfática en señalar que los perfiles con antecedentes cuestionables no podrán ser candidatos, aun si ganan las encuestas internas. Y aquí es donde la figura de NÚÑEZ se desploma: el mote de “DIPUTADO MOCHES” no es un invento de adversarios, sino una etiqueta que él mismo alimentó al reconocer prácticas fraudulentas mediante facturas apócrifas en Zitácuaro, en complicidad con una funcionaria municipal.
Si la coalición decide ignorar este “detallito”, como él lo llama, estaría contradiciendo de manera flagrante el discurso de limpieza y renovación que MONTIEL ha querido imponer. Sería, en los hechos, una confesión de que la ética política es negociable y que las reglas solo aplican para algunos. En ese escenario, la candidatura de NÚÑEZ no solo sería inviable, sino que se convertiría en un símbolo de incoherencia para la 4T en Michoacán.
La política michoacana está plagada de fantasmas, pero pocos tan persistentes como el de la corrupción. ERNESTO NÚÑEZ puede mostrarse sonriente, tender puentes y repartir discursos conciliadores, pero la sombra de sus antecedentes lo persigue. Y mientras Morena insiste en que la limpieza de perfiles es condición indispensable, su nombre difícilmente pasará el filtro.
En conclusión, más que un aspirante real, NÚÑEZ parece destinado a ser moneda de cambio en la mesa de negociación. Su historial lo convierte en un impedimento casi insalvable para encabezar la coalición, y si llegara a ser postulado, el costo político sería tan alto que el discurso de regeneración quedaría reducido a pura demagogia.
La lupa no miente: ERNESTO NÚÑEZ carga un expediente que lo descalifica antes de empezar la carrera.
LA COMILONA DE FAUSTO VALLEJO
FAUSTO VALLEJO FIGUEROA mantiene una presencia importante en la política michoacana por su larga trayectoria como alcalde de Morelia y gobernador del estado, destacando su amplia capacidad de negociación, así como los vínculos que supo hacer con distintos sectores clave aún en contextos políticos complejos.
Más allá de su administración, su figura logró trascender distintos gobiernos y generaciones, convirtiéndose en punto de encuentro para actores políticos y empresarios de diversas corrientes, algo que fue visible en la comida organizada el pasado viernes, con motivo de su cumpleaños, a la cual asistió el gobernador RAMÍREZ BEDOLLA así como el alcalde ALFONSO MARTÍNEZ, además del fiscal TORRES PIÑA, exgobernadores, funcionarios del gabinete estatal y miembros del sector empresarial, para convivir con los nuevos cuadros de la vida pública michoacana, en un momento crucial para nuestro estado.
Sin embargo, para nada pasó desapercibido, que quien estuvo capitalizando políticamente el evento, fue el junior de VALLEJO, FAUSTO VALLEJO MORA, quien desarrolló una anfitrionía excepcional, pues difícilmente podría tener contacto, una vez más, con la clase política que asistió al agasajo de su papá, recordemos que el Junior VALLEJO MORA tiene buena parte de la ciudad inundada de espectaculares con su imagen, promocionando una “entrevista” del portal informativo “sala de Prensa”, receta muy conocida para promoción y posicionamiento político, ya que al interior del Partido Verde Ecologista de México, se maneja que Morena y la coalición que tienen con el PT, deben de otorgarle “posiciones” al verde y el junior tiene sus aspiraciones a que esa coalición lo haga candidato a diputado, ya sea de mayoría o por la vía plurinominal.
LA PRESEA MORELOS Y EL CONTRASTE POLÍTICO
La entrega de la Presea Generalísimo Morelos a ENRIQUE RAMÍREZ VILLALÓN, patriarca de Organización Ramírez, fue un acto solemne que buscó reconocer la trayectoria de un empresario que ha llevado a Cinépolis a convertirse en la tercera cadena de exhibición cinematográfica más grande del mundo. El homenaje, realizado en el marco del 485 aniversario de Morelia, tuvo brillo empresarial, pero quedó marcado por un detalle que no puede pasar inadvertido: la ausencia de la clase política local y estatal.
El contraste es inevitable. Apenas días antes, en la comilona organizada por FAUSTO VALLEJO para promocionar a su hijo, la clase política se presentó en pleno, encabezada por el gobernador ALFREDO RAMÍREZ BEDOLLA. Ahí sí hubo desfile de liderazgos, abrazos y selfies, como si se tratara de un acto oficial. En cambio, en la ceremonia solemne de entrega de la presea al empresario RAMÍREZ VILLALÓN, el vacío fue evidente: ni el Ejecutivo, ni el Legislativo, ni el Judicial de Michoacán se hicieron presentes, dicen que GABY MOLINA estuvo representando a FREDY y la presencia del comandante de la XXI Zona Militar, pero nada más. Tampoco los liderazgos de la 4T, que prefirieron evitar la foto incómoda.
En contraste, MARKO CORTÉS, ex dirigente nacional del PAN, sí aprovechó el reflector, consciente de que la coyuntura electoral rumbo a 2027 exige visibilidad. Los exgobernadores FAUSTO VALLEJO y JESÚS REYNA compartieron espacio sin saludarse, confirmando viejas fracturas, mientras VÍCTOR TINOCO siguió fiel a su costumbre de ausencias prolongadas.
El vacío político frente a RAMÍREZ VILLALÓN abre una interrogante que merece plantearse públicamente: ¿el gobierno municipal extendió las invitaciones correspondientes a los poderes y liderazgos, o fueron los directivos de la empresa quienes, a nombre de su líder, convocaron a la clase política? La respuesta es crucial, porque de ella depende la lectura del desaire.
Si el Ayuntamiento cumplió con el protocolo y los políticos decidieron no asistir, se trató de un vacío deliberado, un mensaje de distancia frente a un empresario con claroscuros. Si, en cambio, la invitación fue manejada por la propia Organización Ramírez, entonces el evento se convirtió en un acto más privado, con un sesgo empresarial que pudo haber inhibido la presencia de actores políticos.
La familia RAMÍREZ es reconocida por su aporte cultural y económico, pero también arrastra críticas por su expansión inmobiliaria y prácticas cuestionadas en el desarrollo urbano. Su relación con la política ha sido pragmática: antes seleccionaban candidatos, hoy apoyan a todos los colores, garantizando siempre buenas relaciones con el poder. Esa dualidad explica por qué muchos prefirieron no aparecer en el homenaje: la cercanía con “Los Ramírez” puede ser vista como respaldo empresarial, pero también como complicidad con sus excesos, habrá que ver quienes son los candidatos que tocan esa puerta.
En conclusión, la entrega de la Presea Generalísimo Morelos dejó dos imágenes contrapuestas: un reconocimiento legítimo a un empresario que ha proyectado a Morelia en el mundo, y un vacío político que revela la incomodidad de la clase dirigente frente a un poder económico que no necesita de partidos para sobrevivir. El contraste con la comilona de VALLEJO es brutal: ahí la política se volcó en masa, aquí se escondió en silencio.
La lupa apunta al vacío: más que un homenaje, la ceremonia expuso la distancia entre el poder político y el poder empresarial en Michoacán.
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