Con casi el 94% del escrutinio en Perú, el candidato izquierdista con el 50,012% de los votos, Keiko Fujimori, con el 49,988%

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08 de junio del 2026.- El líder de Juntos por el Perú, Roberto Sánchez, ha dado el sorpasso y lidera el recuento en las elecciones presidenciales de Perú celebradas el domingo. Con casi el 94% del escrutinio, el candidato izquierdista se sitúa en cabeza con el 50,012% de los votos, un apretado margen frente a la líder de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, que cosecha el 49,988% y que, hasta ahora, había liderado el recuento.

La estrecha diferencia entre ambos apunta todavía a un empate técnico y quedan aún un 6% de las actas por recontar, concentradas en su mayoría en zonas rurales, donde Sánchez suele liderar, y en el voto en el exterior, que tiende a inclinarse hacia el fujimorismo. El Ministerio de Relaciones Exteriores ha informado de que este miércoles concluirá la llegada de las actas de votación de los peruanos en el extranjero, que corresponden a 2.506 mesas instaladas en 73 países.

Pese a lo avanzado que va el escrutinio, los resultados definitivos podrían tardar días en llegar; en la primera ronda, tardaron más de un mes en finalizar el recuento. En 2021, cuando Castillo se convirtió en presidente, Fujimori cosechó el 66,3% de los votos de peruanos en el extranjero.

Los primeros sondeos a pie de urna arrojaron una ajustadísima victoria para Fujimori, con alrededor de un 50,3% de los votos; pero cuando el recuento oficial se acercaba a la mitad, las mismas encuestadoras (Ipsos y Datum) dieron como ganador a Roberto Sánchez —con un 50,3% y 50,1%, cada una—. En la práctica, ninguna apunta a un resultado contundente, al tener un margen de error del 1,9% y 1%.

Castillismo frente a fujimorismo
En estos comicios los peruanos elegían entre dos modelos antagónicos de país. Por un lado, el fujimorismo, encarnado en la figura de la hija del exmandatario derechista Alberto Fujimori; por otro, el ‘castillismo’, representado por el heredero político del expresidente izquierdista Pedro Castillo, elegido democráticamente en 2021 y condenado a 11 años de cárcel por su fallido autogolpe de Estado de diciembre de 2022.

El escenario es similar al de las anteriores elecciones presidenciales, que enfrentaron a Keiko Fujimori y a Pedro Castillo. En aquella ocasión, el maestro y sindicalista se impuso por la mínima, aupado por el voto rural, mientras que la líder de Fuerza Popular fue la opción más votada en las zonas más urbanas, con grandes ciudades y más densidad de población.

Roberto Sánchez, que ha heredado el característico sombrero de paja de Pedro Castillo, pretende continuar el legado inacabado del expresidente, que permanece en prisión. Pese a que el líder de Juntos por el Perú se desentendió en su momento del autogolpe llevado a cabo Castillo, ha basado su campaña en el apoyo a su mentor político y ha prometido su liberación si llega al poder, otorgándole la “gracia presidencial”.

Candidata en cuatro elecciones presidenciales, Keiko Fujimori no ha logrado vencer por ahora al antifujimorismo que empuja a las urnas a la mitad de la población. La candidata derechista ha basado su campaña en la promesa de acabar con la inestabilidad —Perú ha tenido ocho presidentes en ocho años— y la violencia en un país en el que ha aumentado la sensación de inseguridad y la inestabilidad política.

Eso sí, gane quien gane finalmente, Fujimori parte con la ventaja de tener al Congreso de su lado, ya que el fujimorismo controla la Cámara desde 2016. De hecho, en unos años marcados por la inestabilidad política, su bancada ha movido los hilos de la política peruana y ha utilizado su poder para contribuir a la salida de los distintos jefes de Estado peruanos que no han terminado sus legislaturas.

Sánchez celebra “la recuperación de la democracia”
Con el cambio de tendencia de las proyecciones, Roberto Sánchez ha celebrado desde un balcón de la Plaza de San Martín que “este es el día de la recuperación de la democracia”. El candidato izquierdista ha defendido que es “el momento de la defensa del voto” y ha pedido a sus delegados “exigir el respeto al resultado electoral y la voluntad del pueblo”.

Aunque menos conocido que Fujimori, Roberto Sánchez también cuenta con una larga trayectoria política en Perú, desde el ámbito local hasta convertirse en ministro durante el mandato de Castillo —el único que se mantuvo de principio a fin en su corto Gobierno—. Hijo de migrantes de la sierra andina, es natural de la provincia agrícola de Huaral, a unos 75 kilómetros al norte de Lima y estudió psicología en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

El líder de Juntos por el Perú pasó por el seminario y estuvo cerca de ser sacerdote. Ahora, como político, está “muy vinculado a la espiritualidad” y, en concreto, a la teoría de la liberación, como señala la politóloga e investigadora de la Pontificia Universidad Católica del Perú Iris Jave. “Se presenta como una persona muy familiar, que ha subrayado la idea de la reciprocidad, la solidaridad, el cariño familiar, etcétera”, señala la experta.

Un político “hábil” que ha sabido jugar sus cartas
Ahora bien, “si uno mira su trayectoria política, sus decisiones le muestran como un negociador, que cede o que no le importa dejar a uno para negociar con el otro”, apunta Jave, que recuerda que Sánchez no apoyó a Castillo en un inicio, cuando perpetró el fallido autogolpe de Estado que acabó con su salida del Gobierno y su ingreso en prisión. Además, recuerda, el líder izquierdista no ha roto lazos con el líder ultranacionalista Antauro Humala, “un líder absolutamente autoritario”.

El el jurista y analista político peruano Joel Díaz Rodríguez le define como “un político muy hábil” que supo cuándo y cómo jugar sus cartas. “Cuando cayó Castillo, se supo desligar rápidamente de ese golpe al cual él estaba bastante cercano y de ese núcleo duro caudillista que apoyó a Castillo hasta el final. Sánchez se separa radicalmente y, cuando las aguas se vuelven a calmar, comienza a aglutinar una idea en torno a él sobre recuperar el discurso castillista”, argumenta.

Su “gran valor”, continúa el analista, es situar a la izquierda que reemplaza a Castillo como “traicionera de los valores originales de ese proyecto de Perú Libre y erigirse él como el representante o el heredero de ese de ese movimiento que no pudo terminar su mandato”. Sin embargo, los expertos recuerdan que, independientemente de quien gane, el fujimorismo controla el Congreso y puede seguir manejando los hilos de la política peruana.

“Debido a la presencia de Fuerza Popular en las instituciones, es muy difícil formar un Gobierno que no termine cayendo”, como ya ha ocurrido en la última legislatura, explica Rodríguez, que cree que si Roberto Sánchez confirma finalmente su victoria, “Keiko Fujimori no se lo va a perdonar”.

Por su parte, Fujimori ha pedido cautela en una breve intervención ante la prensa y ha llamado a aceptar el “empate técnico” que muestran las proyecciones. Asimismo, la candidata de Fuerza Popular, que en 2021 denunció fraude electoral sin pruebas, ha prometido acatar el resultado de los comicios. “Hasta el momento no hay ningún ganador en esta contienda, por tal razón, serán días largos hasta conocerlo”, ha vaticinado la líder derechista.

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