- Kiev tiene más opciones para recuperar la ayuda militar estadounidense mientras Israel puede ver restringida su compra de armas.
- La disputa más difícil de Trump será convencer al Congreso de que siga financiando la guerra que le ha pasado factura en las urnas
La victoria demócrata en las elecciones de mitad de mandato deja a Donald Trump dos años para negociar acuerdos, sostener alianzas o emprender nuevas ofensivas, pero sabiendo que las dos cámaras del Congreso estarán en manos de sus adversarios. De Kiev a Pekín, aliados y rivales de Estados Unidos tendrán que medir el alcance de las promesas y las amenazas que salgan de la Casa Blanca sabiendo que, a partir de enero, el presidente tendrá que contar con los demócratas para financiar una guerra o rearmar a un aliado.
En el conflicto abierto con Irán, que le ha costado votos a su partido, según ha reconocido el propio Trump, las primeras presiones para que evite otra ofensiva conjunta con Israel llegarán de las propias filas republicanas. “Muchas voces en el Partido Republicano le dirán a Trump que no profundice esa crisis, que les perjudicará todavía más”, señala a RTVE Noticias Mariano Aguirre Ernst, investigador sénior no residente del CIDOB y miembro asociado de Chatham House.
Así, el cambio de mayoría permitirá a los representantes demócratas decidir qué asuntos llegan a votarse. Por ejemplo, podrán llevar al pleno un nuevo paquete de ayuda militar a Ucrania, pedir al Pentágono que rinda cuentas por las armas que entrega a Israel y frenar en el Senado los nombramientos del presidente. No obstante, para sacar adelante una ley que Trump haya vetado les harán falta dos tercios de los votos en cada cámara. De ahí que su mejor ocasión para imponerle condiciones pueda llegar el día en que la Casa Blanca les necesite para aprobar cualquier iniciativa.
Sea como fuere, lo cierto es que siete de cada diez votantes querían un Congreso que pusiera límites a Trump, según señalaban los sondeos a pie de urna. No obstante, resulta difícil saber qué compromisos quieren que asuma su país en el exterior.
Tampoco los precedentes dicen mucho sobre lo que hará Trump con los dos años que le quedan. Barack Obama, tras el revés demócrata de 2014, restableció las relaciones diplomáticas con Cuba y cerró el acuerdo nuclear con Irán. A George W. Bush, en cambio, perder ambas cámaras en 2006 no le impidió enviar más tropas a Irak. Dos desenlances distintos que dejan al líder republicano la puerta abierta a partir de 2027.

La primera prueba: Irán
La primera prueba para los demócratas puede llegar incluso antes de que ocupen sus escaños. El 11 de diciembre vence la prórroga que mantiene en funcionamiento la Administración federal y, aunque para entonces los republicanos seguirán siendo mayoría, podrían necesitar votos de la oposición para evitar un cierre parcial. Si se da el caso, Matthew Duss, exasesor del senador Bernie Sanders, propone en Foreign Affairs que los demócratas pongan precio a su apoyo y exijan que la ley prohíba destinar fondos a la guerra que Trump decidió emprender junto a Israel el28 de febrero, sin autorización previa del Congreso. Quienes hicieron campaña contra la ofensiva tendrían que decidir entonces si mantienen esa exigencia aun a riesgo de que cierren las oficinas federales.
En 1973, el Congreso consiguió por esa vía fijar una fecha a partir de la cual Richard Nixon ya no podría financiar los bombardeos sobre Camboya. Al incorporar la prohibición a una ley de gasto que el presidente necesita firmar, los legisladores le obligan a sopesar qué pierde y qué gana ante una posible negociación. Hoy, la controversia la genera la guerra con Irán. Teherán quiere que Washington levante el bloqueo de sus puertos antes de sentarse a negociar sobre su programa nuclear, precisamente la cuestión que Trump exige abordar para poner fin a la guerra. Según apuntan varios analistas en medios regionales, los mediadores plantean una serie de pasos que permitirían el regreso de los inspectores nucleares y la reapertura del estrecho de Ormuz. Doha desmintió este sábado que los contactos hubieran fracasado, aunque, a juicio de Ali Vaez, del International Crisis Group, Teherán sigue considerando preferible resistir a aceptar los términos que Washington le ha ofrecido hasta ahora.
Por su parte, los vecinos árabes de Irán, que en cuestión de meses han visto caer drones y misiles sobre su territorio, tienen menos margen para la espera. Temen que otro ataque estadounidense vuelva a exponerles a las represalias de Teherán, cuando algunas bases de Estados Unidos en la región ya han sufrido daños y causado víctimas. Cuando llegue la factura -que las monarquías del Golfo enviarán al Capitolio-, los legisladores podrán influir en una decisión que determinará el lugar desde dónde Washington quiere posicionarse parar asistir a sus aliados en la próxima crisis.
Las armas que Washington vende a Israel
Otra de las grandes cuestiones de la política exterior norteamericana es la relación entre EE.UU. e Israel. A los israelíes, la primera noticia sobre el futuro de la ayuda militar que le proporciona su principal aliado les llegó el mismo día en que los estadounidenses acudían a votar. Trump anunció que había acordado con Benjamín Netanyahu poner fin a los pagos anuales después de 2026, aunque Israel podría seguir comprando armas a Estados Unidos. Quedaba por explicar cómo encajaba ese plazo con el memorando que contempla 3.800 millones de dólares anuales hasta septiembre de 2028 y cuyas partidas aprueba el Congreso cada año. Dos días después, el propio embajador estadounidense en Israel, Mike Huckabee, reconocía que desconocía cuándo cesarían los pagos. La oficina de Netanyahu también dejó la fecha en el aire.
Israel llevaba tiempo explorando otra fórmula. Había propuesto a Washington un acuerdo de seguridad a veinte años y en octubre el republicano Don Bacon presentó un proyecto de ley para que empresas de ambos países desarrollen tecnología militar y fabriquen equipos en Estados Unidos. El investigador Mariano Aguirre ve ahí el germen de “una asociación Estados Unidos-Israel entre iguales en el campo de la seguridad en Oriente Medio”. Ahora bien, aun cuando Israel pague de su bolsillo las armas que hasta ahora adquiría con ayuda estadounidense, seguirá necesitando que Washington autorice las ventas. Y sobre qué armas está dispuesto a suministrarle, Gaza ha cambiado los términos del debate.
Este verano, cerca de la mitad de los representantes demócratas votaron a favor de cortar la ayuda militar a Israel. Entre quienes se opusieron figuraba Gregory Meeks, que sí defiende restringir el suministro de bombas pesadas. La distinción importa porque una iniciativa que condicione la venta de determinadas armas por su empleo en Gaza podría sumar votos que se perderían en una propuesta de suspensión total.
Para los palestinos, el relevo abre también la posibilidad de que se rindan cuentas por las decisiones de los responables políticos. Hady Amr, exrepresentante de Washington para Asuntos Palestinos, señala en Chatham House que las comisiones podrán investigar la violencia de los colonos en Cisjordania y preguntar al Departamento de Estado qué ha hecho para frenarla. Duss, que reprocha también a Joe Biden el respaldo que prestó a Israel durante la guerra de Gaza, propone empezar por la Junta de Paz impulsada por Trump para la Franja, averiguar quién la financia y examinar los posibles conflictos de intereses de sus enviados Steve Witkoff y Jared Kushner. Según reveló el británico The Telegraph, la firma de Jared Kushner tenía una participación indirecta en un fabricante israelí cuyas miras de fusil se han utilizado en la Franja. En el caso de Steve Witkoff, The New York Times documentó que, mientras negociaba el alto el fuego con la mediación de Catar, su hijo buscaba financiación en el fondo soberano del emirato para un proyecto inmobiliario familiar. Doha rechazó la propuesta.
En el caso de Israel, que acaba de celebrar elecciones legislativas, todavía es una incógnita quién se sentará al otro lado de la mesa cuando toque negociar con Washington. El presidente del país, Isaac Herzog, le encargará este domingo formar gobierno a uno de los dos líderes -Benjamín Netanyahu o el exjefe del Ejército, Gadi Eisenkot- de los principales bloques resultantes de los últimos comicios. El elegido será el encargado de intentar reunir los apoyos necesarios que le permitan alcanzar la mayoría necesaria de 61 escaños en un parlamento (Knéset) de 120 diputados.
Sin embargo, para quienes en Israel defienden volver a golpear a Irán, el tiempo apremia con independencia de quién sea primer ministro. Danny Zaken, columnista de Israel Hayom, el diario de tirada gratuita más leído en Israel, insta a aprovechar los dos años que le quedan a Trump para impedir que Teherán reconstruya su capacidad militar. [
Qué gana Kiev antes de recibir un solo dólar
A pocos días de que enviados ucranianos y rusos vuelvan a sentarse con los estadounidenses en Abu Dabi, Rusia ha bombardeado de nuevo este sábado las instalaciones eléctricas que abastecen a Kiev. Para Volodímir Zelenski, el resultado de las elecciones estadounidenses tiene valor incluso antes de que el Congreso vote un solo dólar de ayuda. Si el Kremlin espera que Ucrania termine por disponer de menos medios para defenderse según pasen los meses, ahora tendrá que contemplar la posibilidad de que el Capitolio reponga parte de la asistencia militar y financiera que Trump ha frenado.
Además, Kiev conserva aliados en Washington que están dispuestos a desafiar a la Casa Blanca en su política hacia Moscú. Por ejemplo, Meeks, demócrata, ha conseguido apoyos en el seno del partido republicano para una iniciativa que impediría a Trump facilitar el regreso del diésel ruso al mercado internacional. Según distintos análisis en medios estadounidenses, Ucrania es uno de los pocos asuntos en los que cabría reunir incluso los dos tercios necesarios para levantar un veto presidencial. Cuántos de esos republicanos están dispuestos a financiar nuevos envíos de armas se sabrá cuando tengan delante una partida concreta.
Aguirre espera que la nueva mayoría presione a Trump “para que deje de inclinarse hacia las posiciones rusas en esa guerra”. Por ahora, ha sido el presidente quien este jueves recibió a Kiril Dmítriev, enviado de Vladímir Putin, y aventuró después que el acuerdo estaba cerca. Cuando las delegaciones se reúnan en Abu Dabi los días 10 y 11, tendrán que abordar la cuestión que más preocupa a Kiev de cara al día después de la guerra y para la que Zelenski necesita una respuesta también de los europeos. ¿Quién acudiría en defensa de Ucrania si Rusia volviera a atacarla una vez firmada la paz?
La cautela de Europa
“Seguirá haciendo exactamente lo que le venga en gana”. Así despachó el primer ministro checo, Andrej Babis, la posibilidad de que Trump modere su conducta tras la derrota. Pedro Sánchez vio en el resultado un revés para la “ola ultra”, pero en otras capitales europeas, después de los aranceles, de las amenazas sobre Groenlandia y del acercamiento a Putin, cuesta compartir el alivio. Oana Lungescu, exportavoz de la OTAN, advierte en el mismo medio de que, cuantas más dificultades encuentre Trump para imponer su agenda en Washington, mayor podría ser la tentación de buscar un éxito en el exterior.
Algunas de las decisiones que más inquietan a los europeos sobreviven además a los relevos en Washington. El giro estratégico de Estados Unidos hacia Asia comenzó antes de Trump y lo han sostenido gobiernos de ambos partidos. También el respaldo de figuras de la derecha estadounidense como Steve Bannon a la ultraderecha europea discurre, como recuerda Aguirre, por cauces en los que poco influye el Congreso.
Desde París, el ministro francés para Europa, Benjamin Haddad, ha pedido a sus socios que perseveren en sus planes de defensa con un argumento que vale para estas elecciones y para las próximas. “Nuestro destino no puede depender del veredicto de las urnas en Michigan o en Texas”, dijo.
Las cartas de Xi Jinping
La posición hacia China es otro de los platos fuertes en la mesa de la política internacional que definirá a partir de enero Donald Trump. Cuando el norteamericano y su homólogo chino, Xi Jinping, se encuentren en la cumbre de Shenzhen, prevista para los días 18 y 19 de noviembre, faltarán apenas dos meses para que expire la tregua comercial acordada entre las dos principales potencias del mundo.
Washington quiere que Pekín cumpla sus compromisos de suministrar tierras raras y comprar productos agrícolas estadounidenses. Xi sabe, sin embargo, con qué dificultad tropezaría Trump si intentara forzar esas concesiones con otra subida de aranceles. Después de unas elecciones marcadas por el coste de la vida, el presidente tendría que explicar en casa un nuevo encarecimiento de las importaciones.
Donde más puede pesar el cambio de mayoría es en una concesión que interesa a Pekín. Según explica Alicia García-Herrero, economista de Natixis, en Reuters, los demócratas podrían presionar para endurecer los controles a la exportación de tecnología y examinar de dónde proceden los componentes que emplea la industria de la inteligencia artificial.
A Trump le resultaría entonces más difícil ofrecer a Xi acceso a semiconductores estadounidenses a cambio de un acuerdo comercial. Del otro lado del estrecho de Taiwán, la primera reacción al resultado electoral fue recordar los vínculos de Taipéi con ambos partidos. Para una isla que todavía espera entregas de armamento estadounidense, esos interlocutores en el Capitolio cobran especial importancia mientras Trump explora la posibilidad de reunirse con Xi y Putin.
El petróleo de Venezuela y la presión sobre Cuba
La víspera de las elecciones estadounidenses, el canciller venezolano, Oliver Blanco, habló en Washington del futuro electoral de su país con el secretario de Estado, Marco Rubio, y de petróleo con el secretario del Tesoro, Scott Bessent. Juntas, las dos conversaciones, resumen una de las cuentas que los demócratas podrán pedir a la Casa Blanca.
Desde la operación militar de enero en la que Estados Unidos capturó a Nicolás Maduro, la Administración de Trump ha respaldado a la presidenta interina, Delcy Rodríguez, mientras el movimiento de María Corina Machado, Vente Venezuela, ha quedado fuera de las conversaciones sobre las reformas electorales y judiciales.
Si el Congreso examina los acuerdos petroleros con Caracas, los legisladores podrán preguntar a ambos secretarios qué compromisos ha obtenido Washington para la celebración de elecciones creíbles a cambio de ayudar a Venezuela a atraer inversiones y producir más crudo.
En Cuba, bastaron dos días desde la derrota republicana para que la Casa Blanca endureciera su política. Washington sancionó a una red de transporte de crudo y a proveedores radicados en China vinculados al Ejército cubano, en un momento en que las dificultades para abastecerse de combustible agravan los apagones en la isla.
La Habana mantiene canales de comunicación con Washington, aunque niega que exista una negociación formal. Los analistas, Daniel W. Drezner y Elizabeth N. Saunder, de Foreign Affairs, sitúan a Cuba entre los países donde Trump podría intentar forzar un cambio de régimen en busca de un resultado que reivindicar al término de su mandato.
Desde fuera de Estados Unidos, sin embargo, lo que se dirime en estos dos años es también el valor de la palabra de Washington cuando Trump se haya ido. Una cuestión que preocupa especialmente al presidente Zelenski, quien previsblemente la planteará durante la próxima cita de Abu Dabi.
Una mayoría en el Capitolio puede proporcionarle las armas que necesita para pasar el invierno. Otra cuestión será cómo garantizará la continuidad de este su suministro si quiere seguir disuadiendo a Moscú cuando haya otro inquilino en la Casa Blanca.





