Netanyahu entra en Gaza y avisa de que Israel no se retirará: “Controlamos el 60% de la Franja”

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02 de septiembre del 2026.- El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha entrado este miércoles en la Franja de Gaza para visitar a las tropas y lanzar un mensaje que apunta tanto a Hamás como a los mediadores internacionales: la presencia militar israelí no es, de momento, negociable.

“Controlamos el terreno. No nos retiramos. Nos mantenemos en esta línea. Controlamos el 60% de la Franja”, ha afirmado desde una posición militar próxima a la denominada Línea Amarilla, con los escombros de edificios gazatíes a su espalda. “Aún nos queda mucho por hacer”, ha añadido en un vídeo difundido por su oficina.

Netanyahu ha señalado las localidades israelíes de Ashkelon, Sderot y Netivot, situadas al otro lado de la frontera, para presentar el dominio territorial dentro de Gaza como una barrera frente a un nuevo ataque. Acompañado por el jefe del Estado Mayor, Eyal Zamir, y otros mandos militares, el primer ministro ha participado posteriormente en una evaluación de seguridad.

El mandatario ha vinculado cualquier retirada al desarme de Hamás y a la desmilitarización completa del enclave. “Estamos haciendo todo lo necesario para alcanzar nuestro objetivo: el desarme de Hamás y la desmilitarización de Gaza”, ha asegurado. Según Netanyahu, Israel ya ha conseguido “en gran medida” que la Franja deje de representar una amenaza, aunque “aún queda trabajo por completar”.

Israel ocupa cada vez más territorio de Gaza
La Línea Amarilla no es una frontera internacional, sino una demarcación militar trazada por Israel dentro de Gaza. La primera fase del acuerdo alcanzado en octubre de 2025 obligó a las fuerzas israelíes a replegarse hasta esa línea, que dejaba aproximadamente un 53% del enclave bajo su control, además de establecer el cese de las hostilidades a gran escala, la liberación de los rehenes y el aumento de la ayuda humanitaria.

Sin embargo, el Ejército israelí ha ido ampliando desde entonces la zona bajo su dominio. En junio, testigos consultados por Reuters denunciaron que los bloques que marcan la demarcación habían sido desplazados hacia áreas residenciales de Jan Yunis, Rafah y el este de Ciudad de Gaza. La agencia constató entonces que las tropas controlaban ya más del 60% del territorio y que habían ordenado evacuar y demolido edificios en varias de las nuevas zonas ocupadas.

El propio Netanyahu había anticipado esa expansión a finales de mayo, durante una conferencia en el Valle del Jordán. Allí anunció que había ordenado al Ejército elevar del 60% al 70% la superficie de Gaza bajo control israelí.

Cuando entre los asistentes se alzaron voces que reclamaban ocupar toda la Franja, el primer ministro no rechazó la idea, sino que pidió avanzar por etapas: “Ahora mismo estamos en el 60%. Hagámoslo paso a paso: primero, el 70%”. Después aseguró que Israel estaba acorralando a Hamás “desde todos los ángulos” y que más adelante se ocuparía “de lo que quede”.

Netanyahu dice haber ordenado al Ejército israelí ocupar hasta el 70% de Gaza
Netanyahu dice haber ordenado al Ejército israelí ocupar hasta el 70% de Gaza

Una hoja de ruta que no se cierra
El alcance jurídico y político es más complejo que una ruptura explícita del acuerdo. El plan impulsado por el presidente estadounidense, Donald Trump, prevé una retirada israelí de Gaza ligada a objetivos verificables de desmilitarización, pero Israel, Hamás y la Junta de Paz discrepan sobre el orden de los pasos.

La hoja de ruta presentada en julio contemplaba que Hamás entregara progresivamente sus armas y permitiera destruir sus túneles, mientras Israel se retiraba por sectores y una fuerza internacional asumía el control de las zonas desmilitarizadas. Hamás aceptó ese marco – aunque evita hablar de “desarme” y sostiene que las armas quedarían almacenadas bajo una administración palestina respaldada por Estados Unidos -, pero Netanyahu rechazó formalmente el documento y exigió que la organización deponga primero todas sus armas.

El enviado de la Junta de Paz, Nickolay Mladenov, aclaró después que Israel no tendría que abandonar inmediatamente sus posiciones, pero sí retirarse “sector por sector” a medida que se verificara la inutilización de las armas. También pidió al Ejército que no avanzara más allá de la Línea Amarilla acordada.

Por ello, la declaración de Netanyahu no supone por sí sola el abandono formal de la tregua, cuya aplicación sigue negociándose, pero sí fija una posición más rígida que la retirada gradual planteada por los mediadores: Israel conservará todo el territorio que controla hasta considerar completamente desarmado a Hamás.

Una incursión en Ciudad de Gaza en plena tregua
Netanyahu ha aprovechado la visita para destacar la operación desarrollada el martes en Ciudad de Gaza, fuera de las zonas bajo control permanente israelí. Las fuerzas especiales del Shin Bet y el Ejército capturaron allí a Moin al Arabeed, a quien Israel identifica como jefe del aparato de seguridad interna de Hamás.

El Gobierno israelí lo acusa de haber participado en la ocultación y el traslado de rehenes capturados durante los ataques del 7 de octubre de 2023, de proteger a dirigentes de Hamás y de tratar de reconstruir las capacidades militares y administrativas del grupo. Estas acusaciones no han podido ser verificadas de manera independiente.

El Ministerio del Interior gazatí confirmó que Al Arabeed había resultado herido y capturado, aunque no precisó el cargo que ocupaba. También aseguró que su esposa murió y varios de sus hijos resultaron heridos durante la operación.

Algunos medios israelíes y árabes atribuyeron inicialmente un papel relevante a uno de los grupos armados palestinos contrarios a Hamás y respaldados por Israel. Sin embargo, el comunicado conjunto del Ejército y el Shin Bet presentó la captura como una operación de las fuerzas especiales israelíes. La participación exacta de esas milicias no ha podido confirmarse.

La aviación israelí lanzó al menos una docena de ataques en los alrededores para proteger la retirada de los agentes, según testigos. Los bombardeos causaron al menos cuatro muertos, entre ellos dos menores, de acuerdo con los servicios sanitarios gazatíes. Otras dos personas murieron ese mismo día en ataques israelíes en el centro y el norte de la Franja.

Hamás ha denunciado que la incursión constituye una nueva violación del alto el fuego y ha pedido a los mediadores y a la Junta de Paz que presionen a Israel. El Ejército israelí sostiene, por el contrario, que sus operaciones están dirigidas contra los intentos de Hamás de reorganizarse.

La tregua de octubre de 2025 frenó las grandes operaciones militares, pero no ha terminado con los ataques. Más de 1.300 palestinos han muerto por fuego israelí desde su entrada en vigor, según las autoridades sanitarias de Gaza, mientras que Israel cifra en cuatro los soldados muertos en acciones de grupos armados durante ese mismo periodo.

“El genocidio israelí en Gaza continúa”, dice Yair, portavoz de la ONG israelí Betselem, en conversación con RTVE Noticias. “Israel sigue atacando, bombardeando y matando a civiles en toda la Franja de Gaza. Desde octubre de 2023, ha matado a más de 73.000 personas y ha desplazado por la fuerza a cerca de 1,9 millones de residentes de sus hogares como parte del genocidio que está perpetrando en Gaza”. ”

Además, continúa, “ha devastado por completo el sistema sanitario de Gaza, destruido extensamente la infraestructura hídrica, el sistema educativo y otros servicios esenciales. Sigue obstaculizando los esfuerzos para reconstruir lo que ha destruido y restablecer los sistemas esenciales”.

Un mensaje militar con las elecciones de fondo
El máximo responsable de la Junta de Paz advirtió la semana pasada de que el incumplimiento de la hoja de ruta por cualquiera de las partes amenaza con provocar el “colapso” del alto el fuego y devolver a Gaza a una guerra abierta. Mladenov sostuvo que no existe una alternativa mejor al actual proceso y calificó de “devastador” un eventual regreso a las hostilidades a gran escala.

La falta de avances mantiene paralizada la reconstrucción de un territorio devastado por más de dos años de ofensiva. Casi toda la población gazatí —más de dos millones de personas— permanece concentrada en una estrecha franja costera, en gran parte en tiendas de campaña o edificios dañados, mientras Israel controla y mantiene prácticamente despoblada la mayor parte del resto del enclave.

La visita tiene también una evidente dimensión política interna. Israel celebrará elecciones el próximo 27 de octubre y Netanyahu afronta una campaña complicada, presionado en un extremo por sus socios ultranacionalistas, que rechazan cualquier retirada de Gaza, y en el otro por la Administración Trump, que necesita avances en el plan de paz.

A menos de dos meses de las urnas, Netanyahu presenta el control territorial como una conquista de seguridad que no está dispuesto a ceder. Su mensaje endurece, además, el principal desacuerdo que mantiene bloqueada la tregua: el plan internacional intenta que el desarme de Hamás y la retirada israelí avancen de manera gradual y verificable; el primer ministro israelí exige que el primero se complete antes de iniciar la segunda.

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