Donald Trump amenaza a Irán con el bloqueo total, ¿puede provocar el castigo un efecto dominó en la economía?

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21 de agosto del 2026.- Cuando están a punto de cumplirse seis meses del comienzo de la actual ofensiva entre Irán y Estados Unidos, Donald Trump se ha cansado de negociar. Tras varias semanas con la diplomacia en punto muerto y tras la negativa de Teherán a pasar por el aro de las exigencias de Washington, que llevó al fin acelerado de la tregua vigente, ahora el presidente norteamericano quiere dar un paso más.

Trump busca ahogar económicamente al régimen y a sus aliados mediante una estrategia bautizada como “Día D económico” o lo que es lo mismo: una intensificación radical de su campaña de máxima presión.

La Casa Blanca ha decidido recurrir su poder financiero para forzar la rendición de Irán. El país norteamericano lleva décadas imponiendo sanciones a Irán y su economía ya está muy golpeada. Sin embargo, cuando el gobierno de Trump habla hoy en día de estrangular o aplicar una “máxima presión” se refiere a aplicar el cero total sobre Teherán: cerrar los últimos agujeros que Irán ha usado para sobrevivir. No es lo mismo poner sanciones que lograr un bloqueo total.

“Estados Unidos tiene mucha capacidad para poder asfixiar a Irán. Aunque las medidas no tienen un efecto inmediato, sí pueden llevar a un bloqueo total de la economía. Más, teniendo en cuenta la situación actual de la economía del país que llevó a la gente a salir a la calle a protestar”, asegura a RTVE Noticias Sergio Castaño, profesor de relaciones internacionales.

En la misma línea, José Manuel Corrales, profesor del departamento de Economía y Empresa de la Universidad Europea de Madrid explica a RTVE Noticias que el poder de hacer daño económico a Irán por parte de Estados Unidos es real, pero que, sin embargo, la capacidad de presión política de Trump no está tan clara y que ese estrangulamiento del que habla Trump va a tener una víctima directa: la población civil:

“Esa capacidad de presión existe gracias al peso del dólar y del sistema financiero estadounidense. Otra cosa es que funcione políticamente. Estrangular económicamente a un país no significa necesariamente conseguir que su gobierno ceda. Si no se ofrece una salida negociada, una presión extrema puede llevar al régimen a resistir o incluso a escalar el conflicto. Y, además, una parte importante del coste termina recayendo sobre la población, a través de la depreciación de la moneda, las dificultades para importar bienes o el acceso a medicamentos”.

La viabilidad de la estrategia anunciada por Trump se basa en aislar por completo el dinero y los recursos que financian al gobierno iraní y a sus milicias aliadas y a sus países aliados elevando unas estrategias que ya usa.

Sin embargo, Eduardo Irastorza, analista geopolítico y profesor en OBS Business School, considera que la asfixia económica ya no es suficiente para doblegar a Irán: “Estados Unidos tiene los fondos iraníes congelados ya mucho tiempo” y “Teherán ha tenido tiempo para prepararse y bien ante el bloqueo de Trump”. Las vías que tiene la República Islámica para seguir exportando su petróleo, asegura “ya no pasan simplemente por Ormuz”.

Irastorza considera que, llegados a este punto “Estados Unidos puede presionar más, pero desde una perspectiva militar e incluso nuclear, mandando misiles, pero es que esa operativa empezaría a entrar en el terreno de los crímenes de guerra, lo cual no creo que le interese en absoluto”, asegura a RTVE Noticias.

Bloqueo al petróleo y a la flota fantasma iraní
El petróleo es el motor financiero de Irán pero no vende su crudo de forma transparente porque las leyes de Estados Unidos ya lo prohíben. Por eso, sigue una serie de estrategias en red para moverlo en secreto, y lo que ahora pretende el Gobierno estadounidense es hacer saltar por los aires esa red.

Las operaciones iraníes se llevan a cabo a través de cientos de barcos petroleros viejos que navegan sin banderas oficiales o con registros falsos. Estas embarcaciones, conocidas como “flota fantasma”, apagan sus sistemas de localización satelital, llamados transpondedores, para volverse invisibles en el mar. Se detienen en medio del océano y pasan el petróleo de un barco a otro por la noche para cambiar el origen del crudo y que parezca que viene de otro país.

En paralelo, Irán crea miles de empresas falsas en países como Panamá, Malasia o los Emiratos Árabes Unidos. Estas empresas solo existen en el papel para abrir cuentas de banco y comprar barcos sin que nadie sepa que el dueño real es Irán. Como no pueden usar bancos normales, Irán intercambia petróleo directamente por comida, medicinas u oro con otros países, algo que Estados Unidos ahora vigila y castiga con fuerza.

Pues bien, el Departamento del Tesoro, bajo las directrices de la operación Economic Fury, ejecuta un cerco total enfocado en desmantelar esa “flota fantasma” de buques que contrabandean petróleo mediante la desactivación de sus transpondedores y el uso de empresas pantalla.

Esta estrategia incluye asfixiar la infraestructura en la terminal de la Isla de Kharg en el golfo Pérsico, el puerto más importante de Irán: por ahí pasa más del 90% de todo el petróleo que el país vende al extranjero.

El control sobre el estrecho de Ormuz
Parte de la estrategia de bloqueo al petróleo y a la flota fantasma de Irán también pasa por el control de Ormuz. Una vía marítima por la que tiene que pasar obligatoriamente una quinta parte de todo el petróleo del mundo. Es el jardín de la casa de Irán y controlarlo es un juego muy peligroso. Ha sido la principal arma de guerra durante estos casi 200 días de conflicto en Oriente Próximo.

La navegación en el estrecho de Ormuz se encuentra en una situación crítica y bajo un colapso casi total, funciona apenas a un 20% de su capacidad habitual. Aunque un breve acuerdo en junio dio un respiro temporal, la tregua se rompió y la zona ha vuelto a convertirse en un escenario de guerra y bloqueo naval mutuo.

Actualmente, con el estrecho funcionando a medio gas, Estados Unidos tiene barcos de guerra y aviones no tripulados en la zona para vigilar cada barco que entra y sale, toma fotos y registra las matrículas de los petroleros de forma milimétrica.

Sin embargo, en este momento, Irán tiene el control de acceso al estrecho y ha amenazado muchas veces con cerrarlo con minas explosivas o lanchas rápidas si Estados Unidos los ahoga por completo. Por eso, la Marina norteamericana mantiene una presencia masiva allí para intentar asegurar que las rutas comerciales sigan abiertas mientras tratan de asfixiar el comercio de Irán.

Sanciones secundarias, Estados Unidos obliga a elegir
Para entender el estrangulamiento económico a Irán que pretende Estados Unidos el concepto clave es el uso de las sanciones secundarias. A diferencia de una sanción directa, donde Washington prohíbe a sus propias empresas hacer negocios con Irán, las sanciones secundarias funcionan como un castigo global: obligan a empresas de cualquier país del mundo a elegir entre el mercado de Teherán o el de Washington.

La regla que pone sobre la mesa Trump es la de “o ellos o nosotros”: si un banco de Alemania, una petrolera de India o una fábrica de tecnología de Japón compra o vende algo a Irán, el Gobierno norteamericano les impone un castigo total que consiste en prohibirle a esa empresa extranjera usar el sistema bancario de Estados Unidos y confiscar cualquier propiedad o dinero que tengan en suelo estadounidense.

Este escenario nos lleva a una situación similar a la vivida en 2018, explica Sergio Castaño. “Entonces Trump decidió que EEUU se saliera del pacto nuclear que Obama había firmado en 2015. Muchas empresas europeas se habían abierto a iniciar negocios en Irán y Donald Trump lo dijo muy claro: si seguís negociando con Irán estáis en contra de Estados Unidos. Y esto frenó muchas inversiones desde la Unión Europea hacia Irán. Por lo que estas sanciones secundarias pueden ser muy efectivas”.

Como el mercado de EE. UU. es gigantesco y casi todo el comercio mundial se paga en dólares, prácticamente ninguna gran empresa del mundo se arriesga a perder su acceso por hacer un negocio con Irán. Prefieren romper sus contratos con Teherán de inmediato.

Sin embargo, esta fórmula de presión puede generar un efecto dominó sobre la economía americana según José Manuel Corrales: “Al amenazar con sancionar a terceros, Estados Unidos demuestra hasta qué punto puede utilizar el dólar, sus bancos y su mercado como instrumentos de política exterior”.

La paradoja, asegura Corrales, “es que ese poder puede tener un coste a largo plazo. Cuanto más se utiliza el sistema financiero estadounidense como arma, más incentivos tienen países como China, India, Rusia o Brasil para comerciar en otras monedas, desarrollar sistemas de pago alternativos o acumular reservas de oro”.

Un escenario que puede perjudicar a la economía estadounidense pero que, sin embargo, no hace peligrar a la divisa estadounidense como la principal en las transacciones internacionales: “Eso no significa que el dólar vaya a dejar de ser la moneda dominante, ni mucho menos, pero sí puede acelerar una diversificación que termine reduciendo parte de la capacidad de presión de Washington.

Además, otra pata de la estrategia tiene que ver con la palabra que más gusta a Trump: aranceles. El Gobierno de Estados Unidos impone peajes automáticos del 25% a los productos de terceros países que sigan comerciando con Irán, una cuantía que se eleva hasta el 50% si se detecta que están ayudando a Irán con tecnología militar.

El caso de China, el gran aliado de Irán
China es el jugador más importante en este tablero porque es el salvavidas financiero de Irán. Compra aproximadamente el 90% del petróleo que el país logra exportar. Hasta ahora, Trump “hacía la vista gorda” porque le interesa tener una buena relación con Xi Jinping.

Ahora, el plan de estrangulamiento contra China incluye la persecución a las pequeñas refinerías que compran el crudo a Irán y a los bancos locales chinos que procesan sus pagos en yuanes. Pekín ni se plantea usar sus grandes petroleras estatales para comprar crudo iraní, porque esas empresas tienen muchos negocios en Estados Unidos.

“China es el verdadero objetivo de Donald Trump con sus ataques a Irán”, asegura Eduardo Irastorza: “No ha servido de nada que Washington controle el estrecho de Ormuz porque los chinos tienen más petróleo guardado que el que tiene Estados Unidos en sus reservas, Pekín puede aguantar perfectamente uno o dos años y también puede machacar económicamente a Estados Unidos. Lo puede hacer en el momento en que saque al mercado los bonos norteamericanos que ha comprado o las reservas de dólares que tiene, que son superiores a las que hay en circulación en el propio país”, explica.

“Este escenario también nos sitúa en algo que ya hemos vivido, el inicio de la guerra comercial entre China y Estados Unidos en 2018”, asegura Sergio Castaño, aunque esta vez las consecuencias pueden ser de mayor escala: “Si China ve limitado su acceso al petróleo iraní y esto tiene un impacto directo sobre su economía, se abre una nueva crisis, una nueva fase de mayor tensión con Estados Unidos que podría tener un impacto, de momento incierto, pero muy potente incluso a nivel global”.

Más allá de China, la estrategia de Donald Trump también afecta a otros países como India y Turquía. En el pasado, estos países eran grandes compradores de energía iraní. Con la intensificación de las sanciones, han tenido que reducir casi a cero sus compras de petróleo para evitar que sus propios bancos sean bloqueados por el Departamento del Tesoro de EE. UU.

En el foco de Estados Unidos también están los Emiratos Árabes Unidos. Históricamente, las redes financieras de Dubái se usaban como un centro de operaciones para lavar el dinero del petróleo iraní que se cambiaba por dólares en efectivo. Para evitarlo, Washington ha colocado inspectores y ejerce presiones directas sobre el Gobierno emiratí para que cierre miles de cuentas bancarias y empresas pantalla pertenecientes a ciudadanos e intermediarios iraníes.

Sin embargo el escenario de hostilidades entre Irán y Emiratos no va a durar para siempre según Eduardo Irastorza: Emiratos y Qatar quieren llevarse bien con una amenaza como la que supone Irán. Son países musulmanes también, y el tiempo hará que se restablezcan las relaciones con el régimen de Teherán al margen de Estados Unidos”.

No hay que olvidar a Rusia. Moscú e Irán han creado una alianza muy estrecha, intercambiando drones y tecnología militar. Como Rusia ya está fuertemente sancionada por Occidente, EE. UU. se enfoca en sancionar las rutas logísticas compartidas, como los barcos que cruzan el Mar Caspio llevando mercancías entre ambos países fuera del alcance de las flotas internacionales.

¿Cómo reaccionan los terceros países ante las amenazas de Trump?
Algunos países o algunas empresas optan por hacer caso a las exigencias de Donald Trump y en los últimos tiempos han cortado sus relaciones financieras con Irán, como es el caso de Emiratos Árabes Unidos. Sin embargo, otros como China o Rusia optan por buscar estrategias para continuar con los intercambios comerciales con Irán.

Para ello optan por fórmulas como los sistemas de pago alternativos, tal y como explica Sergio Castaño: “China y otros países de los BRICS están tratando de abrir vías económicas alternativas, pero el dólar sigue siendo fundamental para todos los países que comercian con Irán”. Intentan comerciar en criptomonedas o a través de monedas locales, como el yuan chino o el rublo ruso, para esquivar los bancos que operan con dólares.

También intercambian petróleo iraní directamente por bienes físicos, por ejemplo, té de la India, maquinaria de China o grano de Rusia, de modo que no haya transferencias de dinero digital que Washington pueda rastrear.

El mercado negro también funciona con empresas que utilizan identidades falsas y redes de contrabando muy complejas para que el destino u origen real de los productos nunca aparezca en los papeles oficiales de aduanas.

Impacto de la presión de EE.UU. sobre la economía de Irán
Trump ha lanzado su enésima amenaza al régimen de Teherán; sin embargo, las presiones económicas que Estados Unidos ejerce sobre Irán llevan tiempo pesando en su economía.

Entre las principales consecuencias de estas acciones podemos hablar del colapso de la divisa. El rial iraní ha caído en picado y ha perdido casi todo su valor frente a las divisas globales.

Además, el país se enfrenta a un complejo escenario de hiperinflación. El coste de vida se ha disparado con cifras de inflación de tres dígitos en productos básicos. Por ejemplo, los precios de la carne roja se han triplicado y el combustible ya está racionado en las gasolineras.

La consecuencia de la devaluación de la divisa y de las subidas gigantescas de precio es la falta de crecimiento. Irán se enfrenta a una dura contracción económica. Las proyecciones económicas para 2026 muestran que el PIB de Irán va camino de sufrir una contracción histórica de más del 5,4% debido al aislamiento internacional.

¿Puede Europa verse afectada de algún modo?
El impacto de la escalada de tensiones entre Irán y Estados Unidos ya lleva meses instalado en las economías europeas y, sobre todo, en los surtidores de gasolina y diésel. Y es que la consecuencia directa de la guerra se traslada a través del encarecimiento de la energía.

El precio del petróleo Brent, el de referencia en Europa, ha sufrido una fuerte subida y una enorme volatilidad desde que el pasado 28 de febrero estallara el conflicto armado entre Estados Unidos, Israel e Irán.

El barril de crudo cotiza actualmente en torno a los 93 dólares por barril. Esto representa un incremento cercano al 30% frente a los 70/72 dólares en los que promediaba antes del inicio de las hostilidades. Pero es que el crudo llegó a superar los 100 dólares y alcanzó un pico de 118 a finales de marzo.

Todo ello ha provocado un repunte inflacionario intenso en Europa que ha llevado al precio de la gasolina en España a encarecerse más del 15% en julio.

“Europa es la sufriente en toda esta historia”, asegura el profesor Irastorza. A la pura crisis energética, que es la que más se deja notar en el bolsillo de los europeos, hay que sumar la inestabilidad en las rutas comerciales del petróleo y de otro tipo de mercancías por la tensión en torno a Ormuz y el riesgo de seguridad en bases militares aliadas. Un escenario que no parece estar en vías de resolución, al menos, en el corto plazo.

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