
31 de julio del 2026.- Aparecieron flotando, inertes, en las costas de la ciudad de Ceuta, ya sin vida y tras pasar toda la noche a la deriva. Así se encontraron hasta 57 personas sin vida las autoridades españolas una vez que intentan recuperar la normalidad después de una jornada de caos en la que el gobierno de la ciudad autónoma calcula que ingresaron de forma coordinada hasta 50 mil personas al unísono.
El presidente del gobierno español, el socialista Pedro Sánchez, viajó a la zona para ponerse al frente de la crisis, junto al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, desde donde informó que ya han vuelto de forma voluntaria a su país la mayoría de los migrantes que entraron la víspera, en total 48 mil 300.
Desde Europa crecen las voces críticas con la gestión de la crisis por parte de España, liderado por la presidente de Italia, la ultraderechista Giorgia Meloni, quien decidió suspender la libre circulación con España de forma unilateral.
Después de una noche de caos y nerviosismo, en la que la frontera de Ceuta estuvo cerrada a cal y canto con Marruecos, el escenario de la peor crisis migratoria en la historia de la región ya se va despejando: se calcula que más de 50 mil personas cruzaron de forma coordinada y sin ningún tipo de control u oposición por parte de las policías de España y de Marruecos, que se vieron impotentes ante la oleada masiva de personas que llegaron a pie o nadando hasta suelo español, que es también suelo europeo, debido al Tratado Schengen, que es el que permite la libre circulación de personas en territorio de la Unión Europea (UE).
De ahí que este episodio migratorio, que se asemeja al ocurrido en el 2021 por los métodos de entrada y la coordinación de la personas, haya escalado hasta convertirse en una crisis política en el seno de los países europeos, con varias países exigiéndole a España que garantice el control de su frontera, entre ellos Francia Alemania, Suecia, Finlandia, Polonia, Dinamarca e Italia.
Ante la gravedad de la situación, el presidente Sánchez, que se encontraba de vacaciones en las Islas Canarias, decidió suspender su descanso y viajar a la zona para coordinar la crisis. En su primera comparecencia pública ante los medios de comunicación, Sánchez advirtió que “lo sucedido ayer rompe una dinámica de reducción de los flujos irregulares de personas. Lo de ayer es una violación a la integridad territorial de España”.
Sánchez también informó que para fortalecer la seguridad de la frontera habían “solicitado el despliegue de boyas en el espigón para crear una barrera de contención física para que desde el punto de vista administrativo se pueda repatriar en la frontera”.
Y se refirió a la sentencia del Tribunal Supremo, con la que prohibió la “devoluciones en caliente” (en la frontera y sin ningún tipo de amparo legal detrás):
“Las autoridades marroquíes hacen una lectura interesada de una sentencia del Tribunal Supremo que ha corrido como la pólvora por las mafias que trafican con personas. Ha producido una avalancha de la dimensión que vivimos ayer”, señaló.
Mientras desde Europa aumentan las voces críticas con el gobierno español, liderado por la italiana Meloni y respaldada ya por Finlandia y otros líderes de la derecha Europa, hasta el punto de que Italia ya suspendió de forma unilateral el espacio Schengen con España, Francia fortaleció los controles policiales en la frontera y Polonia, a través de su presidente, Donald Tusk, le recomendó a Sánchez “militarizar la frontera”.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, reiteró la oferta de ayuda a España ante “una situación inaceptable”, ya que a su entender “no podemos permitir que nadie entre en nuestra Unión sin cumplir con nuestras normas. Los ingresos peligrosos deben detenerse de inmediato. Las redes de tráfico deben desmantelarse. Y las devoluciones deben ser rápidas, tal como permiten nuestras normas”.
Sánchez respondió con un mensaje en las redes sociales en el que aclaró que, según datos oficiales de las instituciones europeas, las cifras de entradas irregulares en distintos países europeos son las siguientes: en Italia, 478 mil 600; en los Balcanes occidentales, 340 mil 600; en Grecia, 259 mil 800; en España, 234 mil 760; y en la frontera oriental: 48 mil. Por eso apostilló: “No es tiempo de dividir. Es tiempo de seguir construyendo una UE fuerte y unida”.
Con información de La Jornada




