*LA FUERZA GUINDA NO REQUIERE MULETAS
*LA CONGRUENCIA, PRIMERA VÍCTIMA EN MORENA
*MISCELÁNEA POLÍTICA
Columna Política “Bajo la Lupa”, Por Armando Saavedra (17-VII-2026).- La pregunta que atraviesa la política michoacana rumbo a 2027 es sencilla pero crucial: ¿Morena necesita al Partido Verde Ecologista de México y al Partido del Trabajo como aliados para ganar o puede hacerlo solo? Los números del proceso electoral de 2024 ofrecen una respuesta contundente. Morena obtuvo 589,447 votos, equivalentes al 29 % de la votación estatal, mientras que el PVEM alcanzó 153,416 votos (7.6 %) y el PT 160,418 votos (7.9 %).
En conjunto, la coalición guinda sumó más del 44 %, lo que le dio mayoría cómoda y capacidad de negociación amplia. Sin embargo, la diferencia entre competir con aliados o sin ellos no es de supervivencia, sino de conveniencia.
Morena por sí mismo se mantiene como la primera fuerza política en Michoacán, muy por encima del PAN con 299,764 votos (14.8 %), del PRI con 215,794 (10.6 %) y de Movimiento Ciudadano con 165,484 (8.1 %). Incluso si estos partidos opositores se unieran, apenas rondarían el 40 % de los sufragios, lo que significa que Morena, compitiendo solo, seguiría con ventaja. El valor ponderado de negociación lo confirma: Morena alcanza alrededor de 65 puntos, mientras que el Verde apenas llega a 15 y el PT a 14. En términos prácticos, Morena puede reclamar gubernatura, capital y distritos clave sin necesidad de sus aliados menores.
La relación política entre los tres partidos ya no es umbilical. En 2018 y 2021, el Verde y el PT fueron vistos como muletas indispensables para consolidar la narrativa de la Cuarta Transformación. Hoy, sus números los colocan como partidos complementarios, útiles para legitimar la coalición y sumar votos en zonas específicas, pero no decisivos. Morena puede ignorarlos y competir solo, porque su fuerza electoral es suficiente para sostener la narrativa de triunfo. La clave está en el candidato: si el abanderado guinda aporta liderazgo y arrastre, en lugar de que la marca lo cargue, Morena no necesita al PT ni al PVEM.
El riesgo de ruptura es mínimo, porque Verde y PT saben que competir solos los condena a la irrelevancia. Su utilidad está en negociar alcaldías medianas, regidurías y diputaciones plurinominales, pero no en exigir candidaturas estratégicas como la gubernatura o la presidencia municipal de Morelia. En distritos específicos como Huetamo, Apatzingán o Zamora, su presencia puede inclinar la balanza, pero no define el resultado estatal. Morena, con casi seiscientos mil votos, tiene la capacidad de sostenerse sin ellos.
Los escenarios rumbo a 2027 son tres. El primero, conservador, donde Morena lidera solo y se enfrenta a una oposición fragmentada que difícilmente supera el cuarenta por ciento. El segundo, proporcional, donde Morena incluye al Verde y al PT para asegurar mayoría legislativa y candidaturas secundarias, pero sin ceder posiciones estratégicas. El tercero, maximalista, donde Morena ignora a sus aliados y compite solo, confiando en que su candidato guinda aporte más que la marca y que los votos de 2024 se mantengan o crezcan. En cualquiera de los escenarios, Morena es el eje central y los demás partidos deben conformarse con posiciones secundarias.
La conclusión es clara: Morena puede competir solo y seguir siendo competitivo, y si su candidato aporta liderazgo, para nada necesita al PT ni al PVEM. Los números confirman que la fuerza guinda negocia desde la ventaja, no desde la dependencia. La coalición con Verde y PT puede ser útil para legitimar la narrativa de unidad, pero no es indispensable para ganar. Morena será el eje central y los demás deberán conformarse con posiciones menores, porque los votos ya demostraron que la marca guinda no requiere muletas para caminar hacia la elección de junio de 2027.
LA CONGRUENCIA, PRIMERA VÍCTIMA EN MORENA
Lo que se observa en el morenismo michoacano es un juego de contradicciones más que de certezas. Se ha instalado la narrativa de que ALFREDO RAMÍREZ BEDOLLA orquestó ataques contra los aspirantes a la coordinación estatal, pero esa versión proviene principalmente de los simpatizantes de RAÚL MORÓN y carece de sustento fuera de ese círculo. Lo que sí es evidente es que, tras semanas de ruido en redes, el gobernador optó por guardar silencio, y ese silencio ha sido interpretado de manera interesada: unos lo leen como corrección, otros como derrota, y otros más como disciplina desde la cúpula nacional.
El verdadero punto de tensión no está en BEDOLLA, sino en la actitud de los operadores de MORÓN, quienes exigen lo que no practican. Reclaman que cesen los ataques contra su líder, pero ellos mismos continúan hostigando a otros aspirantes, particularmente a CARLOS TORRES PIÑA, quien aparece más adelantado en las preferencias. Esa doble moral es la que fractura el discurso de unidad: piden respeto mientras lanzan acusaciones, demandan piso parejo mientras juegan con ventaja, y se victimizan mientras actúan con la misma ruindad que denuncian.
Las denuncias contra TORRES PIÑA se multiplican, muchas veces sin rostro ni firma, ocultando nombres y responsabilidades. Esa estrategia de guerra sucia contradice el discurso de reconciliación que dicen defender. No se trata de construir consensos, sino de dinamitar al adversario más competitivo. Así, el morenismo se convierte en un campo de batalla donde la congruencia es la primera víctima. El silencio de BEDOLLA no es garantía de reconciliación, apenas un respiro en medio de la tormenta.
Los jaloneos por candidaturas locales y federales apenas comienzan, y la exigencia de respeto se diluye cuando quienes la enarbolan son los primeros en violentarla. Bajo la lupa, queda claro que MORÓN y sus simpatizantes demandan lo que no están dispuestos a dar: piden que cesen los ataques contra su líder, pero continúan atacando a quienes les disputan el poder. Esa contradicción es el verdadero rostro de la disputa interna en Morena Michoacán.
El proceso interno para elegir al Coordinador Estatal de la 4T se ha convertido en un laboratorio de guerra sucia. Las acusaciones se lanzan como proyectiles sin firma, las bardas pintadas aparecen y desaparecen como pruebas prefabricadas, y los boletines de prensa replican denuncias que no han sido admitidas formalmente, pero que se difunden como si fueran sentencias.
En ese terreno, la congruencia se evapora y lo que queda es la lógica del desgaste: golpear al adversario más competitivo para minar su registro, aunque el costo sea la credibilidad del partido. La CNHJ de Morena recibe escritos, pero la diferencia entre “recibir” y “admitir” se diluye en la narrativa interesada de quienes buscan instalar la idea de que TORRES PIÑA está en falta. La estrategia es clara: sembrar dudas, multiplicar denuncias y desgastar al rival, aunque la militancia se canse de un espectáculo que contradice la promesa de unidad.
El silencio de BEDOLLA, lejos de ser un gesto de reconciliación, funciona como un espacio vacío que cada grupo interpreta a su conveniencia. Para unos, es señal de prudencia; para otros, de derrota; y para otros más, de alineamiento con la dirigencia nacional. Pero lo que realmente refleja es la incapacidad de contener una disputa que se libra más en redes y en filtraciones que en mesas de diálogo. La política interna de Morena en Michoacán se ha convertido en un campo donde la disciplina se invoca pero no se practica, y donde la exigencia de respeto se diluye en la práctica cotidiana de la descalificación.
La guerra sucia no es un accidente, es una estrategia. Los operadores de MORÓN reclaman respeto para su líder, pero al mismo tiempo hostigan a TORRES PIÑA con denuncias anónimas y campañas de desgaste. Esa doble moral es la que fractura el discurso de unidad y convierte la contienda en un juego de contradicciones. Bajo la lupa, lo que se observa no es un partido que busca consensos, sino un movimiento que se desgasta en su propia disputa interna, donde la congruencia es la primera víctima y la reconciliación apenas un discurso vacío.
MISCELÁNEA POLÍTICA
*** El Poder Judicial de Michoacán presume transparencia con sus concursos de oposición, pero la realidad es que 541 aspirantes se enfrentan a filtros que sólo 375 lograron superar, y al final serán los jueces y magistrados del acordeón quienes decidan quién carga con la responsabilidad de sacar adelante el trabajo en juzgados y salas. Los números son fríos: 78 inscritos para escribiente en convocatoria cerrada y sólo 58 acreditados; 151 en abierta y 101 que pasaron; 17 para secretario proyectista en cerrada y 16 acreditados, 110 en abierta y 87 que avanzan; 10 para actuario en cerrada y 9 acreditados, 92 en abierta y 57 que pasaron; 8 para secretario de acuerdos en cerrada y apenas 3 acreditados, 75 en abierta y 44 que lograron seguir.
La carrera judicial se fortalece en el discurso, pero en la práctica los seleccionados serán quienes carguen con expedientes, audiencias y resoluciones, mientras los magistrados se limitan a aplicar exámenes a abogados que sí están preparados. Sólo en México sucede que la meritocracia se convierte en un filtro burocrático que, más que premiar el talento, parece diseñar un sistema para que unos pocos carguen con el peso de todo el aparato judicial.
*** La Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo regularizó los pagos atrasados de 1,100 asignaturas correspondientes a 350 profesores interinos de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, un pendiente que SERGIO CARMELO DOMÍNGUEZ MOTA dejó sin voluntad política durante más de tres años en el cargo. La rectora YARABÍ ÁVILA GONZÁLEZ, junto con la dirección provisional de LAURA LETICIA PADILLA GIL, informó que ya se cubrieron 703 materias y otras 465 están en proceso de regularización.
El verdadero objetivo de la suspensión de DOMÍNGUEZ se confirma: destrabar trámites y reconocer a profesores con más de veinte años de servicio que nunca habían recibido certeza laboral. La medida, aunque temporal, tuvo frutos inmediatos: docentes regularizados y pagados de sus emolumentos. En Michoacán, la política universitaria demuestra que a veces basta con suspender a un director para que lo que parecía imposible se resuelva en semanas. Sólo aquí sucede que la sanción administrativa se convierte en la llave de la justicia laboral.





