Varias certezas y muchas dudas del intento de atentado contra Trump: pánico y caos en la cena de corresponsales

27 de abril del 2026.- “No estaba preocupado. Entiendo la vida. Vivimos en un mundo loco”. Así vivió Donald Trump, según sus propias palabras, el momento en el que un hombre, Colle Allen, se saltó el pasado sábado el perímetro de seguridad y trató presuntamente de atentar contra él durante la cena de corresponsales de la Casa Blanca en el hotel Hilton de Washington. El tercer intento de asesinato del presidente estadounidense en menos de dos años.

Las imágenes de los periodistas y de los más destacados miembros del Gobierno norteamericano, vestidos de gala, tirados por el suelo, entre platos y copas desparramados, y del mandatario y su mujer siendo desalojados en medio del caos, han dado la vuelta al mundo. Como ya lo hicieron las que en julio de 2024 mostraron al republicano, aún candidato presidencial, con una oreja ensangrentada tras ser atacado en un mitin y, en septiembre de ese año, las del arresto de un hombre que había intentado dispararle, escondido entre unos arbustos, mientras el casi octogenario político jugaba al golf.

Pero, ¿qué ha ocurrido esta vez?. “Esperad un minuto, dejadme ver qué está pasando”, cuenta el otrora magnate que le dijo a su equipo después de que se oyeran varios disparos desde la sala del banquete. Quiso, según ha dicho en una entrevista en la CBS, ser testigo de lo que estaba sucediendo. Pocos segundos después, fue evacuado totalmente ileso. En torno a esos minutos de confusión, varias son las certezas pero muchas aún las dudas en medio de la investigación de los motivos del sospechoso y de la actuación de los servicios secretos.

El asalto al perímetro de seguridad
Profesor de 31 años, desarrollador de videojuegos y residente en Torrance, en el estado de California, Allen se había alojado en el hotel donde se celebraba la ceremonia, ubicado a solo siete minutos en coche de la Casa Blanca, según explicó el jefe del departamento de policía del Distrito de Columbia. Un hecho que facilitaba la planificación del atentado.

“Entrar aquí era bastante fácil, bastaba con que enseñases tu ticket de la cena o con que demostrases que estabas hospedado en el hotel. Es verdad que después, para entrar en el comedor donde se celebraba la cena, sí tenías que pasar un control de seguridad”, explica la corresponsal de RNE en Washington, María Carou, presente en la cena.

El propio Trump fue el primero en difundir, en su red Truth Social, las imágenes de los instantes previos a que se desatara el pánico. En blanco y negro y muy mala calidad, el vídeo de las cámaras de seguridad muestra a un hombre corriendo y burlando un control en medio del estupor de los miembros del servicio secreto, que, al verle pasar, desenfundan sus armas y disparan.

“La primera sorpresa es cómo se ha podido meter alguien con una pistola, una escopeta y varios cuchillos en el Hilton, ¿no? Parece ser que había reservado una habitación y llevaba ahí dos días. Pero por otra parte se puede decir que las medidas de seguridad funcionaron, puesto que ni siquiera llegó al sótano donde estaba siendo la cena. O sea, no llegó al arco de seguridad”, ha afirmado este lunes en La Hora de la 1 la periodista de RTVE Anna Bosch, que fue corresponsal en Washington de 2004 a 2009.

Trump ya había remarcado en una rueda de prensa en la Casa Blanca poco después del accidente que el atacante era un “loco” y un “lobo solitario” que no llegó a traspasar el perímetro de seguridad de acceso al salón de baile.

Pánico y caos entre los corresponsales
Habían pasado apenas unos minutos desde que el matrimonio presidencial había accedido al gran salón del Hilton. Los más de 2.000 invitados -la flor y nata del Ejecutivo y de la política de Washington, periodistas y diplomáticos y otros miembros de la élite— habían empezado a cenar, con el mandatario y la primera dama, Melania, en la mesa principal sobre un escenario.

La expectación era enorme, puesto que era la primera vez que Trump aceptaba acudir como presidente, tras años de boicot al evento, a esta cena que anualmente celebra la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca. “Su discurso de esta noche será un clásico Donald Trump: será gracioso, entretenido y se dispararán algunos tiros”, llegó a soltar antes del evento la portavoz presidencial, Karoline Leavitt.

Ya con el primer plato, -una ensalada de burrata- servido, varios disparos secos resonaron cerca de una de las mesas. El pánico se apoderó del salón, en el que, para más inri, no había cobertura telefónica. Muchos de los asistentes se lanzaron bajo las mesas sin entender qué pasaba. Así lo cuenta la corresponsal de TVE Cristina Olea: “El presidente estaba ya sobre el escenario, pero todavía no había pronunciado su discurso. Y de repente oímos unos disparos muy cerca de nosotros. Algunos todavía nos estábamos preguntando si lo que acabábamos de oír era verdaderamente un tiroteo”.

Ella estaba sentada con otros compañeros periodistas y varios diplomáticos europeos y alguien a su lado gritó: ‘¡al suelo, al suelo!’. “Así que todos nos agachamos, nos refugiamos debajo de la mesa”, recuerda. Aunque no todos hicieron lo mismo. María Carou destaca que, algunos corresponsales como ella, no se echaron al suelo: “Pero no porque seamos especialmente valientes, sino simplemente por inconsciencia”, reconoce. “No tenemos automatizado ese mecanismo de ‘esto puede ser también un peligro para nosotros, deberíamos protegernos’, añade la periodista, que cree que “los estadounidenses tienen esa idea más interiorizada”.

En su crónica de los hechos, el periodista de la Agencia EFE Eduard Ribas i Admetlla relata cómo con los invitados resguardados bajo las mesas, decenas de agentes del servicio secreto con armas largas “brincaban sobre las sillas” para proteger al presidente, flanqueado por la primera dama, Melania, y la presidenta de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, Weijia Jiang. El republicano llegó a relatar sobre los disparos que pensó que había caído una bandeja.

Protocolo de extracción de emergencia
Según las autoridades, Cole Tomas Allen había intentado acceder al evento armado con una escopeta de caza, una pistola y varios cuchillos y fue reducido y arrestado tras un tiroteo con la policía. En la rueda de prensa que Trump convocó minutos después del suceso, aseguró que el hombre también disparó a uno de los agentes, pero el chaleco antibalas evitó que las heridas fueran mortales.

Dentro del salón, esos disparos que parecían bandejas estrelladas, pillaron al presidente y a su esposa, a Leavitt y a Weijia Jiang atendiendo el número del ilusionista Oz Pearlman, contratado para amenizar la gala. “Yo estaba adivinando un nombre en el que Karoline pensaba y, justo cuando revelaba la respuesta en mi libreta, escuchamos el ruido”, explicó Pearlman en una entrevista. Llegó a pensar que “estaba a punto de estallar una bomba”.

En cuestión de segundos, según se ve en algunos videos, los servicios de Inteligencia pusieron a resguardo al vicepresidente, JD Vance, y seguidamente, agentes fuertemente armados accedieron para blindar al presidente. A poca distancia de su asiento, el millonario político parece tropezar mientras es evacuado. “¡Tírese al suelo, tírese al suelo!”, ha relatado Trump que le pedían los agentes.

Sobre que primero desalojaran al vicepresidente, Anna Bosch destaca: “No sabemos si tal y como dice Trump fue porque él lo pidió así o porque hubo allí una mini descoordinación de los servicios secretos, que se llevaron primero al sustituto antes de llevarse al titular”.

“Quería ver qué estaba pasando. Y para entonces, empezamos a darnos cuenta de que tal vez era un problema malo, un problema diferente”, ha asegurado el mandatario en una entrevista con el programa ’60 minutos’ de la cadena CBS.

Cristina Olea detalla cómo, en medio del estupor, una compañera le pidió el teléfono para enviar mensajes a su familia, mientras que otra lloraba y se le abrazó y otros “simplemente grababan con sus teléfonos móviles”. Pero en general, todos querían averiguar qué ocurría. “Porque tardamos bastantes segundos, quizás varios minutos en darnos cuenta de que los disparos no se habían producido dentro de la sala, sino muy cerca, dentro del hotel”, agrega.

Ya a resguardo y con el sospechoso detenido, Trump quiso que el show continuara aunque, según explicó, aceptó acatar la indicación de abandonar las instalaciones por cuestiones de seguridad: “El servicio secreto y las fuerzas del orden hicieron un trabajo fantástico. Actuaron con rapidez y valentía”, aseveró a través de su red social. Minutos después, con los comensales evacuados -recuperándose del susto, con periodistas informando a sus medios en medio de la confusión e invitados con botellas de vino que habían cogido de las mesas o haciéndose fotos para el recuerdo- y todos de esmoquin, el mandatario ofreció una atípica rueda de prensa.

“Nunca me dijeron que esta era un profesión tan peligrosa”, ironizó el presidente.

El perfil del “lobo solitario” y su manifiesto
El propio Trump compartió imágenes del arrestado, entre ellas, una fotografía en la que se le ve esposado bocabajo en el suelo del hotel. Colle Allen -cuya identidad publicaron los medios estadounidenses- trabajaba como profesor en la escuela de preparación de exámenes C2 Education. En su Linkedin, el hombre detalla que entre 2013 y 2017 estudió Ingeniería Mecánica en el Instituto Tecnológico de California (CalTech) y un master en Ciencias Informáticas por la Universidad Estatal de California entre 2022 y 2025.

Desde 2018 es también desarrollador de videojuegos independiente.

Dylan Wakayama, presidente del Asian American Civic Trust, dijo a Los Angeles Times que Allen daba clases particulares a varios estudiantes de secundaria miembros de esa organización sin fines de lucro. “Pensaban que era muy inteligente, con gran dominio de la biología, las matemáticas y las ciencias. Creían que era una persona amable y tranquila. Se quedaron completamente atónitos cuando les conté todo lo que había sucedido”, dijo.

El hombre, que no resultó herido en su detención pero trasladado a un hospital, ha permanecido bajo custodia y este lunes ha sido acusado formalmente del intento de asesinar el presidente de EE.UU. por el tribunal federal de Washington ante el que ha comparecido. Y podría ser condenado a cadena perpetua. También ha sido acusado de otros delitos, como transportar armas de fuego entre estados y usarlas para cometer un crimen. La fiscal federal Jeanine Pirro ha dicho que la investigación sigue y ha avanzado que presentarán nuevos cargos.

En un manifiesto dirigido a su familia poco antes del episodio del Hilton, al que ha tenido acceso The New York Post, Allen se marcaba como objetivo atacar a los cargos de la Administración Trump: “del más alto al más bajo”, y señalaba que utilizaría perdigones y no balas para evitar daños mayores.

“Ya no estoy dispuesto a permitir que un pedófilo, violador y traidor manche mis manos con sus crímenes”, reza presuntamente esa nota en aparentemente referencia a Trump y a su supuesta implicación en la trama del pedófilo Jeffrey Epstein. En ese texto, el detenido reconoce que esta es “la primera oportunidad real para hacer algo al respecto”.

En esa nota, firmada como ‘el asesino federal amistoso’, Allen rebate algunos dichos y hechos, como la frase cristiana de “hay que poner la otra mejilla”. “Poner la otra mejilla cuando otra persona es oprimida no es cristiano, sino complicidad con los crímenes del opresor”, alega. Y se refiere también a la supuesta vulnerabilidad del hotel, donde se hospedó el día anterior del evento tras haber viajado en tren desde Los Ángeles, haciendo escala en Chicago.

“Esperaba cámaras de seguridad en cada esquina, habitaciones de hotel con micrófonos ocultos, agentes armados cada tres metros, detectores de metales por todos lados. Lo que recibí (¡quién sabe, tal vez me están gastando una broma!) es nada. Ni una maldita seguridad. Ni en el transporte. Ni en el hotel. Ni en el evento”, sentenciaba. “Cualquier agente iraní podría haber traído una ametralladora pesada y nadie se habría dado cuenta”, agregaba.

El impacto político del tercer ataque en dos años
Este episodio -el tercer intento de magnicidio contra el líder republicano en los dos últimos años- se da en un momento de fuerte caída de su aprobación, tanto entre los votantes de la oposición demócrata como por parte de sus propios defensores republicanos, principalmente por la impopular gestión de la guerra en Irán iniciada junto a Israel pero también por escándalos como el de la antigua relación del presidente con Epstein.

Además, deja en evidencia los posibles fallos en la seguridad y el incremento de la polarización y la violencia política en un país donde cuatro presidentes han sido asesinados a lo largo de la historia. Según informó el domingo The Washington Post, el Gobierno estadounidense no implementó el máximo nivel de seguridad para la cena del sábado, a pesar de la presencia del presidente y muchos miembros de su gabinete, entre otros altos cargos.

En la entrevista con el programa ’60 minutos’, Trump se ha molestado con la periodista cuando le ha leído la parte del manifiesto de Allen en el que se refiere al “pedófilo, violador y traidor”.

“Estaba esperando que leyeras eso, porque sabía que lo harías. Porque sois gente horrible”, ha arremetido Trump. “Yo no soy un violador. No violé a nadie. Yo no soy un pedófilo. Leíste esa basura de una persona enferma. Me asociaron con cosas que no tienen nada que ver conmigo. Fui totalmente exonerado”, ha añadido.

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