Por Víctor Ardura
( 3-10-12) De entre las preocupaciones en la política no se soslaya la salud, pero la salud pública y no la de un sólo individuo. A través de diversas maneras de ocultar las cosas, un mandatario con problemas graves de vigor puede debidamente ocultar su condición.
Este asunto es un esquema grave pero que no tiene aún la manera de ser controlado. Así las cosas pueden pasar de lo regular a lo variable. Por ejemplo, el caso de Fausto Vallejo Figueroa del cual se ha especulado sin medida.
El gobernador ha sido sujeto a varios secretos desde que inició su mandato. Se habla, aunque no lo sabemos con certeza, de tratamientos regulares y costosos, de ahí el resultado de lo sucedido el domingo pasado que ha provocado infinidad de versiones de su estado de salud.
Vallejo Figueroa puede sufrir muchas penas relacionadas con el cáncer, un asunto que se debe tratar con toda la secrecía que se debe dado lo delicado del asunto, pero parece que hay gente del gremio político y del servicio público al que el encanta tergiversarlo todo como si fuera un anuncio que debe ser tratado.
Así hemos visto las condiciones de Jesús Reyna García, Secretario de Gobierno, juntándose con miembros de su cargo en confabulación discreta, la palabrería de Julio Hernández, coordinador general de comunicación social, o el hacer impecable de Víctor Silva Tejeda, un diputado que se ha portado a la altura.
Lo necesario es que los diputados se pongan ya a moderar y pensar sobre lo que podría suceder en caso de que el gobernador tenga que sortear su mando por salud.
Es cosa de poca monta el que los abogados estén, en mando silencioso, hablando sobre el asunto. Hace falta enfocar su atención a los asuntos importantes del estado.