Por Víctor Ardura
(01-11-12) Con bases unidas, con un pensamiento entendido, un partido suele tener como condición de ser necesario en pos del su avance. La mayoría de las veces forman pisos firmes, en otras marcan un solo y arbitrario uso del poder.
En entidades notables hay todavía una cierta memoria, ese aparato suele ser una forma en que un hombre puede acostumbrar ausencia o presencia de gentes con asunto propio. Lo cierto es que hay, afortunadamente en la izquierda, la sana intensión de retomar los pasos andados.
En el estado de Michoacán existe una forma reverente, sin entrar en lujo de detalles, es el caso de Armando Arévalo, que junto a Samuel Maldonado, tocaron un punto nodal sobre el caso del PRD. Armando sentó sobre micrófono el rol que tiene el partido como segunda fuerza en Michoacán, y más aun la tendencia a menguar en caso de que en Michoacán no fijen sus pupilas en este posible problema.
Michoacán no fue un organismo como para perder fuerza fácilmente, aún tiene suficiente capacidad de efecto político para dar de sí como partido en el poder en un futuro inmediato. Tal vez el quid devenga en un asunto del paso que se dio como fuerza opuesta al ejercicio mismo del poder. El partido parece no haberse dado cuenta de que el desánimo formó parte de una inclinación tendiente al abandono del poder.
Para el caso, la disposición es el convenio de ideas y posturas, esto es, la unidad interna. Más es importante una visión objetiva y clara de lo sucedido. Urge sobre todo, la dirección de la militancia consciente y unida. Sólo así se podrá aspirar a un PRD en el poder con experiencia y positivamente dialéctico, es decir, superado de sí mismo.