Por Noemí Avilés.-
(20-07-12) No es sospecha a ciegas cuando se afirma que todo el escenario estuvo puesto desde un inicio -desde hace seis años o más- para que arribara Peña Nieto a la silla presidencial. Ante cierta generalización de un malestar cultural en la población políticamente activa sobre la limpieza de las elecciones, -no sólo de éstas sino de la tradición electoral en nuestro haber-, el Tribunal Electoral tiene mucho trabajo y deudas actuales con la ciudadanía.
La orquesta mediática de que fuimos testigos a lo largo de las campañas presidenciales, en la que poco importan los reportes de Televisa ante la PGR dado que los televidentes comentaron las diferencias en los promocionales; desigualdad a leguas y guerra sucia, como se dice en el argot periodístico, en la que evidentemente López Obrador fue desfavorecido y su oponente Peña no. La línea de intereses políticos televisivos por todo el territorio mexicano, no fueron más que una pequeña muestra de que la tradición en materia de fraude electoral que fuera diseñada, mejoró. Por lo que el menaje es claro: la cepa priísta esta fresca.
Justo por eso el malestar de los ciudadanos conscientes de que así como ese partido fue erigido por grandes personajes de la política mexicana, también es cierto que se distorsionó su ideal, desde la intensión de imponer el modelo económico neoliberal hasta la extensión del poder hacia la conciencia social y política y llegar a su reducción en corrupción, gestor, también, de otros tantos villanos ególatras.
Por otro lado, la publicación de las relaciones fiscales en que el partido tricolor se demuestra en vínculo con empresarios y convenios, miembros fieles de sus propio partido a través de instituciones financieras como Monex, mediado o relacionado con el Grupo de Abogados Profesionales (GAP), resta importancia al documento redactado a modo indicando o justificando los montos en las tarjetas emitidas por la institución bancaria.
Ahora lo que deben comprobar los priistas es la disociación entre esas tarjetas y la ciudadanía que no forma parte de la estructura del PRI, me refiero a los hombres y mujeres no representantes regionales generales, no colaboradores. Pues nos dicen que suman 7,851 en toda la campaña bajo el concepto de «gastos ordinarios» cuyo monto oscila entre los 8,448 pesos por tarjeta.
Pero falta comprobarlo y para eso acuden al tiempo, al buen amigo tiempo que les daría ventaja en tanto su candidato sube a la silla presidencial, en tanto llega la influencia que daría como resultado una sanción menor de la que la ciudadanía espera: la invalidación de las elecciones.
Largo trecho para llegar a la democracia, uno recorrido que la pone en riesgo ante la predicción de TelePitonisa, misma que con artilugios ha dicho: «¡Que se prepare el mexicano, porque con o sin recinto legislativo, habrá neoliberal en la silla!