El ejército es la institución que cohesiona nuestra República. Ha sido un cuerpo de paz a las órdenes del Presidente, y aunque su prestigio se vio empañado con eventos como el de 1968, es un cuerpo de oficiales y soldados institucionales muy alejado de las veleidades militares en otros países del Continente.
En años recientes al ejército y a la marina se les ha encomendado la difícil y delicada tarea de enfrentar a un crimen organizado cada vez más violento y con mayor poder de penetración entre policías, fiscales y jueces. No es una institución perfecta muchos malos militares se han visto involucrados con delincuentes. Ahí están los casos de González Rebollo y Acosta Chaparro, recientemente ejecutados. Informes de la DEA señalan que muchos mandos superiores de los zetas son exmilitares. Además no son precisamente unas damas de la caridad cuando hacen su tarea y así lo demuestra las muchas quejas turnadas a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.
Pero son, siguen siendo, una institución confiable. EN las encuestas de valores aparecen en los primeros lugares de confiabilidad, muy por encima de los políticos, por ejemplo. Hoy dos militares, el general de División Diplomado de Estado Mayor en retiro Tomás Ángeles Dauahare y el general Brigadier Roberto Dawe Gonzálezse encuentran sometidos a investigación y por tal motivo han sido trasladados a un Centro de Arraigo. La DEA y el Gobierno de los Estados Unidos también señalan el contubernio de algunos militares con narcotraficantes.
Pero más allá de estos señalamientos el ejército es una institución noble al que no se le puede desprestigiar por unas cuantas manzanas podridas. Es de esperar que la investigación federal, a diferencia de otros procesos en donde han demostrado una ineptitud rayana en la estulticia, puedan presentar una investigación profesional y, si los militares son culpables, que sean sometidos a proceso como cualquier mexicano. El ejército y la marina son instituciones indispensables en este momento al cada vez mejor organizado y equipado crimen. Una golondrina no hace verano.